LOS POTROS
Ya se acercan los potros; raudamente precisa el grupo sus contornos de estética
salvaje; entre el pálido rosa del lánguido paisaje corren desenfrenados, a la
par de la brisa.
Los potros ya se acercan: mas lo hacen tan aprisa, que
parece volaran sobre el quieto paraje; desplázanse los cascos en fantástico viaje atrás
dejando chozas de silueta imprecisa. . .
Huracanadamente por los llanos nativos, van
devorando leguas los potros fugitivos, por burlar los afanes de inútil seguimiento;
como
una sombra alada pasan ante nosotros, y los recios gañanes, en fuga tras los potros, describen
con los lazos rúbricas en el viento...

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ACUARELA SALVAJE
Es el toro. Tan negro, que causa la impresión de una bella escultura cincelada
en carbón.
Sobre el repecho yergue su indómita arrogancia, mientras todo
un boscaje le rinde su fragancia...
Se oye una algarabía de urracas y de loros en
la tarde (princesa que se desmaya entre oros).
Entre policromías y entre bellezas
tantas, todo el bosque es murmullos, todo el bosque es gargantas...
En
los bejucos saltan pájaros de áureas colas, y la charca se amansa, dormida, entre
corolas.
Sobre la flor que aroma, sueña la flor que vuela: tal es la mariposa
que está sobre la umbela.
El del repecho mueve de pronto su figura: sus
ojos son relámpagos en una noche oscura...
¿Algo espera? ¡Algo espera! Lo dice
su mirada que en lo negro fulgura como una llamarada
Ruido como de un trote
se oye lejano, sordo ... De los guayabos vuelan dos palomas y un tordo ...
Vuélvese
el del repecho. Sobre el negro testuz, pone un fulgor sangriento la moribunda
luz.
Por fin, entre malezas tupidas y apretadas, despuntan cuatro cuernos,
que es decir cuatro espadas...
Avanza una pareja: es un toro con manchas
y una vaca bermeja...
El del repecho embiste con ímpetu salvaje. Un gran
fragor de cuernos emociona el paraje...
Cornadas por cornadas, bramidos por
bramidos ... Todo el bosque es silencio. Todo el bosque es oídos ...
No
ceden hasta que uno dóblase en el repecho... ¡un gran clavel sangriento le condecora
el pecho!
El negro toro yergue su victoriosa testa, y resoplando baja la
pedregosa cuesta.
Entre un claro de cielo del boscaje sonoro, la "chiltota"
atraviesa como un vislumbre de oro...
Un eco de canciones en el silencio vaga... Un
arrebol lejano sobre el charco se apaga ...
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