SONETO DE DEVOCIÓN
Esa mujer que se me arroja fría y lúbrica a los brazos, y a sus senos. Me
aprieta, me besa, y balbucea versos, rezos a Dios, votos obscenos.
Esa
mujer, flor de melancolía que ríe de mis pálidos recelos. La única entre todas
a quien di caricias que otra jamás daría.
Esa mujer que a cada amor proclama la
miseria y grandeza de quien ama y guarda feliz huellas de mis dientes.
¡Un
mundo, esa mujer! Es una yegua quizás... pero en el marco de una cama nunca
mujer ninguna fue tan bella.
|

|
POEMA PARA TODAS LAS MUJERES
Sobre tus blancos pechos lloro, mis lágrimas bajan por tu vientre y se embriagan
del perfume de tu sexo. ¿Mujer, qué máquina eres, que solo me tienes desesperado confuso,
niño para contenerte? ¡Ah, no cierres tus brazos sobre mi tristeza, no! ¡Ah, no
abandones tu boca a mi inocencia, no! Hombre, soy bello, Macho, soy fuerte; poeta
soy altísimo y sólo la pureza me ama y ella es en mí, una ciudad y tiene allí mil
y una puertas. ¡Ay! tus cabellos huelen a la flor del mirto ¡Mejor sería morir
o verte muerta y nunca, nunca más poder tocarte! Pero, fauno, siento el viento
del mar rozarme los brazos Ángel, siento el calor del viento en las espumas Pájaro,
siento el nido en tu vello ¡Corred, corred, oh lágrimas nostálgicas ahogadme,
sacadme de este tiempo llevadme hacia el campo de las estrellas entregadme
de prisa a la luna llena dadme el lento poder del soneto, dadme la iluminación
de las odas dadme el cantar de los cantares. Que no puedo más, ¡Ay!¡que esta mujer
me devora! ¡que yo quiero huir, quiero a mi mamita, quiero el regazo de Nuestra
Señora!
|