"La Verdad muchas veces
comienza en blasfemia..."
--Bernard Shaw--

LA MUERTE DE UN TIRANO

JOSÉ STALIN
Iósiv Visariónovich Dzhugachvili

        Muchas veces la historia al ser ocultada por el hombre es también adornada, camuflada, como una colorida piñata que por dulces contiene documentos históricos, hechos irrefutables, verdades frías. La piñata es golpeada y golpeada por atrevidos escritores, pero cada vez los manipuladores la ocultan más y más, y la adornan más y más... como un ejemplo de esa piñata histórica -pues hay muchas- son las causas y efectos antes, durante y posterior a la segunda guerra mundial, efectos que aún estamos padeciendo todos los terrícolas.
       
"No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista" reza un popular refrán en Mi Tierra salvadoreña. Los hechos acaecidos en la Segunda Guerra Mundial están saliendo a luz década tras década, y cada década más fulminantemente, muy a pesar de los manipuladores que la quieren siempre oculta.
       Hombres y mujeres de diferentes naciones, posiciones e ideologías, han golpeado la piñata histórica que tan guardada del gentil han mantenido por casi 60 años. Tan reciente como este año 2003, la piñata fue sacudida como nunca antes. Un parlamentario alemán dijo que
"los judíos es una nación de perpetradores que tiene su lado oscuro... los judíos bolcheviques masacraron a millones de rusos soviéticos cuando la Revolución...", el General jefe de las fuerzas de unidades especiales alemanas endorsó el comentario del parlamentario... ambos fueron despedidos, uno del partido, el otro del ejército.
       Pero más sensacional aún fue el Primer Ministro Malayo quien fue más directo, abierto y específico. En una reunión islámica expresó:
"Los judíos dominan el mundo a través de terceros... hacen que otros luchen y mueran por ellos... los judíos inventaron el socialismo, el comunismo, los derechos humanos y la democracia, para que perseguirlos pareciera erróneo, para que puedan disfrutar los mismos derechos que otros... Con éstos, lograron el control de los países más poderosos y ellos, esta pequeña comunidad, se han convertido en una potencia mundial".
       El Ministro malasio, Mahathir Mohamad, al mencionar
"países más poderosos" se refería a Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia, España, Italia, Rusia, o sea la crema y nata del poderío del mundo actual, y los "terceros" que están muriendo por los judíos es una directa alusión a la invasión gringa a Irak, el único estado Árabe en atacar certeramente con misiles a Israel, hasta ahora (2003), por eso, los terceros, está haciéndo pagar a Iraq un caro precio... pero los terceros también están muriendo...
       Sin embargo, lo que el malayo aseveró ha sido conocido por casi todos los mayores estadistas del mundo desde la Segunda Guerra Mundial, pero nadie se había atrevido a decirlo públicamente al mundo en foro de tal magnitud, so pena de ser destruido por la URSS antes, o por EE.UU hoy... pero las declaraciones del Ministro hizo que la piñata sufriera una rajadura grave, y cual Caja de Pandora, a punto de abrirse y verter los secretos que alterarán para siempre la artificial cuasi paz y el quimérico equilibrio mundial.
       Durante décadas se ha santificado como un
"hecho real" el Diario de Ana Frank, pero se señala como "hoax" o falsedad el libro El judío Internacional de Henry Ford. Se ha consagrado como "gran precedente histórico" al libro Auge y Caída del Tercer Reich de William Shirer, pero se tilda de "phony", o "carente de realidad histórica" los libros del historiador inglés David Irving... Y el factor común es que todo aquel que escribe y presenta irrefutables documentos históricos sobre hechos ocultos de la Segunda Guerra es acusado de "revisionista antisemita"... el arma predilecta de los siniestros manipuladores de la piñata histórica.
       Mi Padre me dijo una vez:
"De los tres grandes dictadores durante la Segunda Guerra, Hitler era el más inteligente y elocuente, Mussolini más letrado y preparado, y Stalin el más bruto y asesino..."
       
Sobre este tema traigo un extracto del libro escrito por un historiador mexicano: Salvador Borrego Escobar., el libro se titula "Derrota Mundial, Orígenes Ocultos de la Segunda Guerra Mundial". La primera edición de este libro se publicó en 1953, y hasta ahora se han publicado 26 ediciones. El capítulo es un pasaje que narra los acontecimientos que rodearon la muerte de Iósiv Visariónovich Dzhugachvili, conocido como José Stalin (acero), amo supremo de la URSS de 1929 a 1953, y títere de los fundadores y creadores del bolchevismo, como muestra los acontecimientos ocultos de su muerte en el siguiente relato. Este libro lo leí en 1971, en plena adolescencia, y evaporó todo vestigio marxista en mi mente al corroborar algo que nunca hubiera creído si se me hubiera contado sin la infalible documentación histórica que Borrego provee en su libro... el 90 % de todo lo que este libro alega pasó y predice, lo he comprobado y visto acontecer durante los años.

Tamen

... Todo aquél que pertenece a la verdad
escucha mi voz... Dícele Pilato: ¿Qué es la verdad?

        JUAN 18:33


José Stalin junto a Rykov,
Kamenev (Rosenfeld), Zinoviev (Apfelbaum)
        En el primer semestre de 1952 el Mundo Occidental comenzó a ser esporádicamente informado acerca de actos "antisemitas" tras la Cortina de Hierro. Los mismos informes mostraban desconcierto y eran poco enfáticos. El régimen bolchevique había sido obra de israelitas en 1917; había contado con la ayuda internacional judía en su crisis económica de 1926; había recibido la ayuda armada más formidable de la historia durante su desesperada situación militar de 1941-1945 y muchos hebreos formaban parte de su estructura básica. Por tanto, parecía inconcebible que en el seno de la URSS el movimiento político judío estuviera sufriendo tropiezos. Increíble y todo, algo muy grave ocurría porque iban en aumento las quejas de que había brotado súbitamente un bárbaro "antisemitismo ruso" (Ya es una costumbre que cuando el judaísmo político encuentra resistencia a sus planes, clama mundialmente que es víctima de persecuciones "antisemitas". Del conflicto político no habla jamás, y se concreta a presentarse como una víctima de fanatismos raciales o religiosos, con lo cual encubre su propia naturaleza y desprestigia la defensa de sus víctimas.
        Para los puestos claves dentro del engranaje oficial ya no se daba la misma preferencia a los israelitas, aunque todavía figuraban eminentemente Lazar Kaganovich (magnate de toda la industria pesada y de las comunicaciones); Lev Mekhlis, Ministro de Control del Estado Soviético; María Kaganovitsha, presidenta de la Unión Textil de los Sindicatos de la URSS; Moisés Bass, director de Explotación de los Tranvías de Moscú; Iosif Malitski, director de Construcciones y de la Industria Pesada de la URSS, losif Gobervman, jefe de la Dirección de los Transportes Automovilísticos de Moscú, y otros muchos que como representantes de grandes núcleos obreros tenían incalculable influencia política.
        Los informes de actos "antisemitas" detrás de la Cortina de Hierro fueron haciéndose más frecuentes y su tono más alarmante. Poco después un hecho extraordinario sorprendió al mundo: el régimen stalinista de Klement Gottwald anunció en Checoslovaquia que acababa de ser descubierta una vasta conjura judía; 14 dirigentes comunistas fueron procesados en Praga y 11 de ellos condenados a muerte. De estos 11, ocho eran judíos y se les ejecutó, con la evidente aprobación de Stalin y de la prensa oficial soviética. A las ejecuciones siguió una insólita purga de israelitas. La posición política de Gottwald como leal colaborador de Stalin fue exaltada profusamente tras la Cortina de Hierro.
        En Rumania fue destituida y encarcelada la judía Ana Robinson Pauker, Primer Ministro del país y verdugo del pueblo rumano en su sometimiento al régimen marxista.
        La remoción de hebreos se extendió a Hungría, bajo la influencia de Moscú, y en la redada no se escapó ni siquiera el influyente judío Gyla Becsi, Ministro de Justicia, que tan decisivo papel había jugado en el proceso contra el Cardenal Mindszenty.
        Las extrañas remociones ocurrieron también en la zona austriaca ocupada por el ejército rojo. El doctor Heinrich Nagler fue removido del Partido Comunista junto con otros funcionarios de su propia raza. El mismo fenómeno ocurrió en la Alemania Oriental, donde numerosos judíos ocupaban puestos públicos.
        En Rusia misma fueron encarcelados 26 escritores judíos de lengua yiddish y varios de ellos ejecutados o sean David Bergelson, Peretz Markisli, ltzik Fefer y David Fefer.
        ¿Acaso Stalin estaba sintiéndose ya lo suficientemente fuerte para deshacerse del Poder Judío bajo cuyo patrocinio se estableció la URSS en 1917 y se salvó de la derrota en 1942? ¿Acaso la posesión del poderío atómico había embriagado a Stalin y se sentía capaz de sacudirse la influencia hebrea?
        Más desconcertante resultaba la conducta de Stalin porque siempre había dado enfática protección a los judíos, de quienes a su vez recibía apoyo político. Sus tres mujeres fueron israelitas: Katy Schwanitz, Allelujah y Nadja Kaganovich. Hasta se decía que Stalin había hecho valer ante sus protectores hebreos un remoto antepasado judío de su familia.
        La alarma de las comunidades israelitas alcanzó su clímax cuando el 13 de enero de 1953 el Kremlin anunció oficialmente que había sido descubierta una conjura de judíos en el más alto instituto médico de la URSS, o sea en la Dirección Sanitaria del Kremlin. Según el anuncio, esos médicos formaban parte de la organización secreta "Joint Committee", la cual operaba bajo el disfraz de una Agencia de Ayuda Humanitaria fundada en 1914 por un grupo de hebreos.
        El anuncio oficial agregaba que dichos médicos judíos venían trabajando desde muchos años antes en acortar la vida de altas personalidades rusas, mediante diagnósticos y tratamientos sutilmente planeados de lo cual se hallaban convictos y confesos. En concreto, se les acusó de haber envenenado en 1948 a Andrei A. Zhadanov, miembro del Politburó y probable sucesor de Stalin; y al general Alexander Sergeivitch, jefe político del ejército rojo, internado en 1945 en dicho Instituto para curarse un mal relativamente leve, el cual fue complicándose hasta costarle la vida. También se afirmó oficialmente que en el momento de su captura los médicos israelitas estaban tratando de eliminar al Ministro de la Guerra, mariscal A. Vassilevsky, al mariscal Ivan Koniev, comandante de las tropas de tierra, y a otros funcionarios que no eran propicios para sus planes.
        El sensacional anuncio aplicaba a los médicos judíos los insólitos calificativos de "viles espías, asesinos y monstruos humanos". Jamás en la URSS se habían proferido calificativos semejantes contra los judíos; allí, donde estaba prohibida la palabra "zhidi", por considerarla despectiva, y debía utilizarse la de "ivrai" para referirse afectuosamente a ellos.
        La sensacional denuncia del Kremlin acentuó la remoción de israelitas. A la vez se glorificó a la doctora Lydia Timashuk por haber dado la pista para descubrir las maniobras de los conjurados, en una solemne ceremonia nacional le fue otorgada la máxima condecoración de la Orden de Lenín. Conjuntamente se le rindieron honores a Ryumin, jefe del servicio de investigaciones.
        Todos estos sucesos fueron objeto de amplísimos y alarmados mensajes transmitidos por el monopolio informativo internacional. No dejaba de ser significativo que ese monopolio israelita -disfrazado de imparcial objetividad- diera mayor importancia a las penalidades padecidas por un puñado de hebreos que a las espantosas matanzas que sufrían los pueblos ruso, polaco, rumano, etc., etc.
        En esos momentos era ya seguro que Stalin había roto su alianza con los padres y protectores del marxismo. El Congreso de Palestina se reunió apresuradamente, lo mismo que todas las organizaciones judías del Mundo Occidental. Se dijo que la situación era sumamente grave y se acordó proceder con suma cautela. En Estados Unidos eminentes personalidades hebreas y la viuda de Roosevelt, poco antes tan entusiastas de la política prosoviética, pidieron públicamente que se adoptaran medidas drásticas "con el fin de impedir -dijeron- una verdadera catástrofe, que sería la consecuencia de la campaña antisemita rusa".
        Los bolcheviques estaban comenzando a cometer "¡crímenes contra la humanidad!"
        Pero mes y medio después de que Moscú había denunciado la conjura judía, el Kremlin dio la sensacional noticia de que José Stalin agonizaba. El 5 de marzo se anunció que había muerto, el dictamen facultativo decía que Stalin había sufrido repentinamente diversas afecciones mortales del corazón, del hígado y de los riñones, e incluso una hemorragia cerebral...
        Un agente secreto ruso, Kapanadse, que logró escapar de la matanza de los leales a Stalin y huir al Occidente, refirió parte de lo acontecido. El28de Febrero, Stalin se veía saludable y optimista en su casa de campo de Moscú. En el Kremlin lo aguardaba Krushchev, para celebrar acuerdos. Cuando Stalin llegó a su oficina, se encontró a la Plana Mayor del Partido Comunista. Voroshilov lo increpó sobre el proceso a los médicos judíos y le dijo: "Has deshonrado al Partido de Lenin". Stalin pretendió llamar telefónicamente a su ayudante, gene­ral Alejandro Proskrebieci, pero el teléfono estaba ya cortado. “¡El Kremlin está tomado!" le gritó Malenkov. Y así, inverosímilmente, con la rapidez con que se desploma la grandeza humana, Stalin vio que era ya un cautivo. Después fue encerrado y encamado y muy pocos conocieron su horrendo final. El agente Kapanadse supo que a veces se levantaba de la cama y caminaba a tropezones, mientras lo insultaban y se burlaban de él y que tras penosa agonía murió el 2 de marzo, no el 5 como decía el boletín oficial.
        Apenas inhumado Stalin, el 14 de ese mismo mes la radio de Praga (precisamente en la ciudad donde habían descubierto la conjura judía y donde se inició asimismo la purga antisemita) anunció la súbita muerte de Klement Gottwald, de 56 años de edad. Gottwald también había muerto a consecuencia de diversos males: bronconeumonía, pleuresía y hemorragia torácica. No hacía ni 72 horas que había regresado bueno y sano de Moscú... Simultáneamente con la repentina desaparición de Stalin y de Gottwald -primer ejecutor de la naciente política rusa contra la conspiración judía- ocurrió en la URSS un violento cambio de política. Los médicos judíos fueron inmediatamente sacados de la cárcel y restituidos en sus puestos; dejó de llamárseles por sus nombres israelitas y se les aludió con sus postizos nombres típicamente rusos: profesor Vassilenko, Zelenyi, Preobrajenski, Zacussov, Cherechevski (Sus verdaderos nombres son Feldman, Gristeini, Egorov, Vorsi, Vinogradoy, R. Kogan, B. Kogan, Zelin y Stinger.). Públicamente se les desagravió y se dijo que habían sido víctimas de una injusticia. A título póstumo "Pravda" hizo la rehabilitación de Salomón MikLoels, judío fallecido en 1947, a quien durante la investigación de los médicos se le encontró culpable de haber formado parte del complot.
        El Jefe del Departamento de Investigaciones para Casos Especiales, magistrado Ryumin -días antes glorificado como héroe por haber puesto al descubierto gran parte de la trama política israelita- fue destituido y posteriormente ejecutado. Se le acusó de haber hecho "arrestos injustificados de numerosos ciudadanos soviéticos, inclusive figuras sobresalientes en la medicina".
        A la doctora Lydia Timashuk, en vida de Stalin homenajeada por haber aportado la pista de la conspiración de los médicos judíos, se la destituyó también de su cargo y no se volvió a decir nada de su suerte. Todos los funcionarios rusos que intervinieron en el proceso de los médicos israelitas fueron acusados de "ceguera política" y de "infamar injustamente a ciudadanos soviéticos".
        En la gigantesca purga contra todo el que había osado poner la mano sobre el oculto Poder Judío no se escapó ni el temible jefe de la Policía Secreta, Lavrenty P. Beria, quien fue ejecutado junto con seis de sus colaboradores. Beria aparecía también como responsable de las investigaciones practicadas contra la conjura de los médicos. Las destituciones y los fusilamientos cimbraban toda la MVD (Policía Secreta rusa) y evidenciaron que existía otra superpolicía capaz de ahogar en sangre cualquier intento de rectificación política.
        El Coronel general V. S. Abakurnov, Ministro de Seguridad de la URSS; A. G. Leonov, jefe de los servicios de instrucción del Ministerio; V. 1. Koniarov y L. I. Tatchev, funcionarios de la misma dependencia, fueron igualmente destituidos y después ejecutados. También se les acusó de "inventar complots para acusar a elemento del Partido, del gobierno y de los intelectuales".
        Tan sólo en la provincia natal de Stalin (Georgia) fueron "purgadas" del Partido Comunista 3,011 personas que habían tenido ligas de confianza con el dictador o sus allegados.
        Ante el drástico cambio operado simultáneamente con la muerte repentina de Stalin y Gottwald, el periodista Jean Danes, de France Press, cablegrafió desde Viena el 4 de abril de 1933: "Lo que retiene la atención de los observadores vieneses es el carácter publicitario dado a la noticia, la insistencia con la que los servicios de información de la URSS y de los países satélites anuncian al mundo entero casi sin interrupción de hoy por la mañana, que los médicos judíos habían sido injustamente denunciados, detenidos, convictos y condenados. Se tiene la impresión de que en Moscú se ha querido que noticia de la rehabilitación sea tan sensacional como la de la acusación. Pues bien, una se produjo antes de la muerte de Stalin. La otra, después. Esto aumenta su carácter extraordinario".
        A la rehabilitación de los médicos y de otros funcionarios judíos siguió una intensa campaña en la URSS para borrar todo vestigio de desconfianza hacia los israelitas, y en esta tarea se entremezclaron la propaganda, las destituciones y los fusilamientos.
        Pero estas matanzas, en que las víctimas eran funcionarios rusos, dejaban ya de ser "crímenes contra la humanidad", y el doctor Israel Goldstein, Presidente del Congreso judío Norteamericano, declaró satisfecho en Nueva York: "El informe de que la acusación contra los médicos ha sido retirada es una magnífica señal de que el Kremlin está respondiendo a la presión hecha desde exterior... La campaña antisemita tras la Cortina de Hierro. parece estar terminando".
        Al hijo de Stalin, general Vasily, se le retiró de la Fuerza Aérea y oficialmente no volvió a hablarse de su paradero. (El 4 de enero de 1955 se publicaron en Viena informaciones de que había muerto en un campo de trabajos forzados)
         Apenas muerto José Stalin, el Vicepresidente del Consejo Ejecutivo Federal de Yugoslavia, Eduardo Kardeli, declaró en Belgrado el 7 de abril de 1953: "El nuevo régimen de la URSS está desaprobando toda la política exterior e interior de Stalin". Y el Pravda publicó: "Ha empezado el proceso en contra de Stalin, un proceso de antideificación". Posteriormente la Gran Enciclopedia Soviética (tomo 22) publicó un muy frío relato sobre la vida de Stalin y su muerte.
        Entretanto, todavía no marchitas las flores sobre la tumba de Gottwald (el dictador checo que inició los procesos contra los jefes judíos), la política de Checoslovaquia dio una media vuelta semejante a la ocurrida en Rusia al morir Stalin: los acusadores de los judíos fueron acusados de "ceguera" y los israelitas presos quedaron en libertad y fueron rehabilitados. Esto se repitió en Hungría, en Alemania Oriental, en Polonia y en Rumania. En pocos días, después de la súbita muerte de Stalin y de Gottwald, los altos dirigentes marxistas judíos recuperaron todo el terreno que habían perdido tras la Cortina de Hierro.
        El monopolio informativo internacional (judío), que días antes había sacudido al mundo cuando la purga de Stalin afectaba a los israelitas, se volvió luego extremadamente discreto para anunciar la persecución o matanza de los rusos acusados de "ceguera política". Y es que en este último caso ya no se trataba de "crímenes contra la humanidad"...
        El Vaticano comentó el 13 de abril ( 1953) que la nueva política del Kremlin era observada con "amargura" porque los nuevos amos del Kremlin "odian a la Iglesia Católica aún más intensamente que José Stalin "El desarrollo reciente de la política del Kremlin -dijo el Osservatore Romano el 2 de abril, 28 días después de la muerte de Stalin- permite creer que está por abrirse un nuevo capítulo de persecuciones religiosas. Sin duda será éste el preámbulo de las peores persecuciones religiosas en toda Rusia."
        Los acontecimientos comenzaron poco después a justificar esos temores. El 27 de septiembre el periodista Robert Grandmougin informó desde París acerca de las persecuciones, matanzas y encarcelamientos de religiosos, que estaban ocurriendo en la URSS y en todos los países satélites. "La Iglesia del Silencio -decía- es hoy el término consagrado para designar la parte de la Iglesia que sufre al otro lado de la Cortina de Hierro".
        Pero en este caso no hubo protestas de los políticos occidentales, ni el monopolio informativo internacional mostró alarma y sensación, ni la vi uda de Roosevelt (nuevamente simpatizadora de la URSS) pidió que se hiciera "algo" drástico, como lo había pedido cuando la detención de los médicos judíos. Y es que ya no se trataba de "crímenes contra la humanidad"...
Stalin y sus íntimos leales fracasaron mortalmente en su intento de sacudirse el patrocinio político judío.
        Tras el efímero régimen de transición de Malenkov, se asentaron firmemente en el poder los judíos Nikita Salomón Pearlmutter, (rusificado como Krushchev) como jefe del comunismo: Nicolás Bulganin, Primer Ministro, Lazar Kaganovich, jefe de la comisión atómica soviética y de la industria pesada; Davidovich Berman, jefe de los campos penitenciarios de la MVD; Kruglov, jefe de la MVD y otros muchos en diversos puestos clave.
        Tranquilos ya de su dominio, en marzo de 1956 desencadenaron una furiosa campaña oficial para execrar a Stalin. Al mismo tiempo glorificaron a los jefes israelitas ejecutados por el stalinismo en su fallido intento de rectificación política.
        En julio de 1957 hubo un nuevo reajuste en el que Nikita S. (Salomón) Krushchev (Pearlmutter ) reafirmó su poder y eliminó a Molotov, a Malenkov y al eminente judío Kaganovich. Pero no se trató de una diferencia ideológica (como el rompimiento de Stalin con el judaísmo) sino de un desacuerdo sobre la táctica a seguir. El grupo de Kaganovich quería seguir forzando el aumento de producción de armamento para acelerar la expansión mundial del bolchevismo. Pero el grupo de Krushchev se alarmó ante los frecuentes brotes de rebeldía ocurridos en la URSS y ante el levantamiento de Hungría, por lo cual impuso su táctica de frenar la expansión marxista mientras se afianzaba lo ganado. A partir de entonces se procuró elevar la producción de víveres para calmar el descontento de los pueblos bolchevizados y temporalmente se redujo el gigantesco plan industrial-bélico de Kaganovich.
        Esta política de Krushchev, aunque de momento muy suave y adornada de sonrisas, promete para el futuro golpes más duros contra el mundo occidental.
        El marxismo-israelita nacido en 1848, frenado esporádicamente por los zares durante 69 años, entronizado en Moscú en 1917, sigue firmemente en manos del poder oculto internacional.

Tamen

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