Llegastes a mi vida,
cuando más sola me encontraba,
perdida en el vacío
de una oscura e infinita soledad,
que no tenía entrada ni salida.
Cómo
un ladrón de noche,
te postrastes en el portón de mi existencia.
Y vinistes
hacia mí,
sabiendo que mis brazos te esperaban.
sin compasión alguna
te lanzastes
hacia ellos,
y con gran seguridad,
dejastes que ellos te abrazaran.
Ahora
estás aquí, atrapado sin respiro.
Aún sabiendo que lo nuestro es imposible.
Te
has dejado amar y atrapar
en la telaraña que juntos hemos tejido.
¿Acaso tu
soledad
és más oscura que la mía?
¿O és acaso
el destino que ahora nos reune?
¡Amor
que difícil es esto!
Te tengo y no te veo
te busco y no te encuentro.
Es
un amor sin punto de llegada.
Más sin embargo te espero,
por que aún sabiendo
que no hay nada
que nos ata; sigues allí,
perdido en lo infinito de mi amor.
¡Hay
amor...!
si tu presencia para
nuestro amor fuera
la gloria.
¿Qué sería
sin tí, mi paraíso?
¿Acaso sería el eterno purgatorio?
El de los ojos alegres.
La de carácter rebelde.
La de la sonrisa en
calma.
Son mis tres hijos del alma.
El de la bondad profunda.
La de
la brillante mente.
La del mirar penetrante.
Forman el trébol de mi suerte...
El
del silencio elocuente
La del buen humor y el chiste
La del saber como siente
Son los tres hijos que me distes.
¡Gracias señor
por darme esos tres
tesoros!
Mil gracias, Dios mío,
por este nuevo día que me has dado.
He bebido el
rocío de la mañana,
con los rayos del sol
me he calentado.
He podido
gozar
del canto de las aves en mi huerto;
te quisiera cantar
por toda
la belleza que a mi lado has puesto.
Gracias señor, aún por las espinas
que has dejado también en mi camino.
Por la vida y la familia que me has dado,
yo
te alabo.
Después de 20 años que el destino
y la vida me separó de mi pulgarcito, regresé.
El
encuentro con mi pasado fue triste y lleno
de emociones. En el pueblo ya no estában
mis amigos. Ellos al igual que yo, un día
se marcharon huyendo de la maldita
guerra
y en busca de una nueva vida.
Miraba a todos lados, y ya nada
era
igual. El punto doña Chayo,
ya no estába con su atóle.
Hacía cinco años
que se había ido
de esta vida y sin boleto de partida.
¡Que triste recibida!
Aún más cuándo
me dí cuenta que el amor de mi vida,
también había partido. El, como
muchos
otros, habían dejado aquél humilde pueblo
en busca de un olvido.
Recorrí
el pueblo, y fuí al lugar donde por vez
primera aprendí las primeras vocales y el
alfabeto.
Aquella escuela de techo de tejas de barro,
sus paredes de madera,
y comida por el comején,
vieja y cayendose; sólo los recuerdos
me había guardado
en su baúl viejo
y polvoriento por el tiempo.
Eran veinte años de olvido
y de añoranza. En los que sufrí por la falta
de mis familiares y amigos. En
los que lloré
al haber abandonado el amor de mi vida,
y no haber tenido el
valor y la brabesa que él tuvo.
Al luchar por nuestro pueblo que fue una víctima
inocente de los que no tienen corazón,
y a los que las armas son su única salvación.
¡Qué
triste recibida Patria Mía!