En la guerra como en la paz sólo el agitador vive, es cobarde y manda
detrás, y por eso sobrevive.
Era Octubre de 1979, cuando todavía habían árboles en la Capital...y aún habían
"Vientos de Octubre que todo lo descubre"... Viajando en el bus
a almorzar me encontré al "regular", un ex compañero del Instituto Nacional,
y hoy juntos en la Escuela de Medicina. Comenzamos a platicar lo usual: Medicina.
-"Si tenés libres algunas tardes caéte al pueblito, allí hemos abierto y
atendemos una clínica con el 'choco', la patrocina las brigadas médicas del "Bloque
Popular Revolucionario". Pero al ver mi reacción me explicó que no tenía
que afiliarme al Bloque para llegar a practicar y aprender. Además, el "choco"
era residente
del Rosales y quien dirigía la pequeña Clínica... le prometí llegar la
próxima tarde libre que tuviera...
Comencé a llegar un día a la semana y en Diciembre
que llegó las vacaciones de Navidad, casi cuatro días a la semana. Me atraía el hecho que
aprendía practicando ¡y lo mejor!, a las 4 pm que se cerraba La Clínica, venían
las botellas y cervezas en las que terminábamos bien a verga... La Clínica se
hallaba ubicaba enfrente de la plaza y centro del pueblo, pero por esos días, la represión
y masacres de la Policía, La Guardia, los Escuadrones de la Muerte y el criminal grupo
paramilitar de ORDEN -que conocí en este relato- estaban a la orden del día.
¡Despertá campesino! ¿Qué no vés la explotación? Sos la sangre de la nación y
tuyo es su destino.
La Clínica siempre estaba llena, pues la falta de adecuado y barato servicio
médico la había hecho popular; acudía mucha gente por servicio médico gratuito, la mayoría
era gente humilde y campesina. Los fondos para medicamentos eran proveídos por contribuciones
monetarias del Bloque Popular Revolucionario-BPR-, sindicatos obreros, organizaciones
religiosas y organizaciones de estudiantes universitarios....Ese día, de adorada brisa
fresca dicembrina, había una manifestación y mitin popular en este pueblo ubicado en
las faldas del volcán. La gente llegó en buses y caminando, con hijos de pecho, infantes
e impúberes... ¡Todos campesinos!.. Sabía el potencial de lo que podría ocurrir si ésta
se tornaba violenta y se cruzó en mi mente el irme de allí, pero mi hombría no me lo
permitió y mi ego me decía era cobardía, además que era viernes y al cerrar el "choco"
siempre nos invitaba a chupar y bailar a un prostíbulo cercano. Todo ésto le agregó
el peso necesario para quedarme y rezar que no pasara nada. Como a las 2 pm,
y con unas 500 personas en el mitin, y por una calle opuesta, apareció un grupo como
de 50 campesinos con machetes desenvainados que se infiltraron en la manifestación
caminando derecho donde el orador. Varios campesinos manifestantes, al entender la
intención, sacan también sus machetes y alguien le tira una patada limpia a uno de
ellos y comenzaron a oírse disparos... ¡estampida!... La pequeña Clínica tenía
un patio trasero que conectaba con una hondonada de pasto y luego seguía la entrada
a las faldas del volcán, en cinco minutos más de 200 personas nos ensardinaron.
Entraron
corriendo ancianos, mujeres y niños buscando refugio; también muchos más se metieron
en la pequeña Iglesia del pueblo. El "choco", médico Jefe, era un individuo
calvo con anteojos "culo de botella", que a la vez era residente de segundo
año en el Hospital Rosales ¡y más borracho que el guaro!. Él ordenó cerrar las puertas
de La Clínica, lo cual se hizo en el acto. Afuera comenzó una recia balacera,
¡cuando de repente! Cuatro hombres armados irrumpieron violentamente a los diez minutos
de disuelto el mitin e iniciada la balacera, ellos traían arrastrado un individuo
ensangrentado, ordenaron a todos tirarse al suelo y luego rompieron los vidrios de
las ventanas y comenzaron a disparar sus M16 hacia afuera. El "choco",
el "regular" y yo, comenzamos atender al paciente; éste sangraba copiosamente
de un balazo en el muslo que quizás había atravesado un vaso sanguíneo importante.
Todo
mundo estaba en el suelo, amontonados o agachados y los infantes lloraban talvés temiendo
lo que pasaba y algunos balazos, al cruzar la ventana, pegaban en la pared. Alguien
cerca de la puerta pega un alarido y comienza a gritar en dolor. El Regular y yo
nos apresuramos a ver y era una linda morena campesina adolescente herida en la pantorrilla
por una bala. En lo que la atendíamos y calmábamos asomé mi vista afuera
por la ventana, y me asusté al ver tres Guardias Nacionales escondidos y disparando
hacia la torre de la pequeña Iglesia, el zumbido de un balazo me hizo zambullir mi
cabeza.
¡Mirá como te han marginado! y te miran con malos augurios te han hacinado
en tugurios y te mantienen explotado...
Después de media hora, y con la balacera subsidiando, ¡se oyó el ruido de un helicóptero!
y al asomarme a la ventana vi como disparaba su ametralladora de poderoso calibre
al campanario de la Iglesia, el temor se apoderó de nosotros al pensar en el helicóptero
disparando a la casa de bahareque y lámina de la vivienda... -"Alguien
tiene que pedir tregua para que salgamos" gritó alguien de entre el gentío
amontonado dentro de La Clínica... -"No, no se atreverán a disparar
aquí, de aquí nadie sale"- dijo uno de los guerrilleros vestido de pantalón
kakis, camisa verde olivo y boina negra, y con un radiotransmisor en la mano, él nos
dijo que el herido era un miembro de la inteligencia de la guardia infiltrado y capturado
por ellos durante el mitin, que "la descalza" de ORDEN eran asalariados
asesinos de la dictadura con el nombre de Patrullas Cantonales, pero eran mandados
por Guardias Nacionales, que su prisionero era el jefe regional de zona , y que el
helicóptero no se atrevería a ametrallar La Clínica... al escucharlo hablar,
recuerdo que hubo un silencio profundo, hasta los bebés dejaron de llorar ¿Era respeto
o miedo que la gente guardaba por "los compas"?. La benemérita y
los chorizos hicieron su aparición una hora más tarde con dos tanquetas, la balacera
había subsidiado, y el cura parroquial había salido a conferenciar con el militar en
mando sin aparente éxito, pues a los 15 minutos regresaba a la iglesia cabizbajo.
¡Entonces de repente! vemos como una de las tanquetas se dirige recto a La Clínica,
las mujeres gritan en pánico, los niños comienza a llorar, y atrás, en el patio, los
que estaban allí, a patadas botan la puerta trasera y huyen a la hondonada... La tanqueta empieza
a disparar su ametralladora de gran calibre, caen varios heridos o muertos, nunca
supe pues el pánico nos hizo huir a todos hacia la puerta trasera... entonces comenzó
la pesadilla!...vi como muchas mujeres, algunas protegiendo con su cuerpo a sus hijos,
ancianos y niños recibían planazos en sus espaldas y cabezas; y los hombres cortados.....era
toda una cacería y carnicería...¡los mismos campesinos miembros de la "patrulla
cantonal", ¡carnicereaban y masacraban a sus mismos hermanos campesinos!... ¡Era
hermano contra hermano!... Uno de ellos blandiendo un machete me vió, yo corro atravesando
la hondonada a toda máquina, en pura güinda, y con el "descalzo" taloneándome.
Salimos de la hondonada y todo lo que seguía era cuesta arriba...¡Iba ser una prueba
de resistencia!...
Pobrecito Mi País por haber llegado a ésto volvió su destino funesto y
morirá su raíz...
¡Agradecí a mi Dios de las trincheras que el descalzo no estaba armado! y aunque
no era todo un atleta... mi juventud, el pánico y mi adrenalina, me dieron la fuerza,
¡y corrí y corrí y corrí... 20, 30, 60, 120 minutos!... ¡no recuerdo cuanto tiempo corrí!...
sólo sabía que el ruido de la balacera se iba perdiendo mientras subía... pero llegué
al final de mis fuerzas...
Totalmente exhausto me agarré a un árbol y ya no me importó
que me matara el descalzo, la muerte sería un instante de placer ese momento... pero
nadie llegó... y cuando logré controlar mi taquicardia y falta de aliento, vi hacia
abajo San Salvador en la lejanía, la ciudad que me vio nacer, crecer... estaba bastante
arriba de las faldas del Volcán de San Salvador, El Jabalí o Boquerón, y aparentemente
a salvo, los balazos habían llegado a ser esporádicos y donde estaba habían muchos árboles
y maleza... pero el ruido de hélices en la distancia despertó mi letárgia y corrí a esconderme
mejor entre ramas y bejucos. Entonces oí voces que se acercaban junto al ruido del
helicóptero... en pánico me doy cuenta que aún tenía puesta mi gabacha blanca con su
estetoscopio al bolso, dos cosas que simbolizaban mi orgullo tonto, pero hoy iban
a ser mi perdición si no me la quitaba rápido, y con desesperación, pero sin ruido,
me la quito, la hago rollo y la escondo entre las ramas... en esos momentos oí los
primeros pasos cercanos... me pegué al suelo apenas controlando el jadeo de mi respiración...
las voces las tenía quizás a una decena de metros y oía claro el típico hablado de nuestros
hermanos de la campiña.... luego se fueron alejando, alejando, hasta que ya no se
oyeron.... una hora quedé escondido sin moverme en ese sitio... el sol comenzaba a
bajar y empezaría a oscurecer... la balacera a lo lejos había parado completamente
hacía ratos... dejé que oscureciera completamente, y sin saber donde estaba comencé
a descender, la oscuridad era completa, la noche estrellada sin luna, a los lejos
sólo percibía ladridos de perros. Después de casi tres horas de arduosa e hiriente
bajada, vi a lo lejos una colonia que no reconocí, pero también vi los flashes de luces
de un carro patrulla que me hizo cambiar de idea y evadí la colonia, sólo en camiseta
empecé a titiritar de frío y temiendo un calambre de los que ya conocía, decidí trotar
para mantenerme caliente... después de una hora de trote, caminar, trote, caminar,
a lo lejos, vi otro lucerío, ¡apresuré el trote!... Llegué a las primeras calles de ese
pueblo y divisé un bus que al acercarme vi que leía: "Ruta 23, San Ramón, Centro",
¡Era el último bus de San Ramón a San Salvador!...
Ya montado en el
bus pensé que por segunda
vez en mi vida había oído el sonido de muerte de las balas represivas... ¡Sonido que
nunca olvidaré!