
Nació en Santa Ana. En 1919 publicó "Antología de Cuzcatlán", que fue una recreación legendaria de antiguos mitos y leyendas pipiles en las que trata de resaltar el arte indígena, entre estos mitos están "La Siguanaba" (versión distinta a la colonial española) y "Cipitín". También escribió "Trenes" (1940) que es una novela poemática. En "Hombres Contra La Muerte" (1947) M.A.Espino trae el tema de la posesión de Belice, reclamada legítimamente como suya por Guatemala a Inglaterra. Esta novela le ganó un premio por el gobierno salvadoreño de entonces, pero poco después, un derrame cerebral, daño tanto a Espino, intelectualmente, que le impidó terminar otra novela inspirada sobre el caudillo centroaméricano Francisco Morazán. murió en San Salvador , el 1 de Octubre de 1967.
El señor Pedro era el jicarero más conocido del lugar. Sus jícaras habían pasado triunfantes los lindes de su monte. Al llegar a la plaza del pueblo, las viejas con delantal se agrupaban para comprar primero. Había que ver esos domingos, unas jícaras que eran un primor de adornos. En ellas, el agua se sentía más clara. El señor Pedro ponía en hacerlas todo su cariño de artista. Raro es el transporte de la emoción en estos trabajadores ignorados. La dulzura que no pueden decir, se les sale a las manos. El ensueño que no fue, la ilusión que se murió en una noche de tormenta y de hambre, todo lo noble y bueno se les queda entre las manos sucias, pobres y pálidas. |
Tierra Mojada
En el fondo de la tarde, la casita se hacía gris. El viento pasaba golpeando los tejados blancos. lloraba con un son ronco. Y la buena viejita, la señora Josefa, sacaba en un tiesto la ceniza ms blanca de la lumbre. Decía que era un conjuro milagroso eso de hacer una cruz de ceniza en el patio. Trazaba los brazos, grandes, trágicos; casi llegaban hasta la puerta de la cocina, olorosa de humo. Como el cielo era triste, la cruz tenía aspecto imponente. Ya por los tejados sonaban las gotas presurosas. Nosotros saltábamos. El aire rudo que nos golpeaba la cara sólo nos daba ganas de gritar. Y nos ponía un cantar en la boca. -"Ya viene el agua por la lomita. -que se me moja mi chamarrita.- Ya viene el agua por la barranca.- que se me moja mi ropa blanca". La señora Josefa era otro huracán, corriendo trás la ropa tendida, que se quería volar. Y luego a poner los cántaros. La abuelita gustaba de tomar agua así, con sabor a tierra, a terrón, a campiña, a mañana fresca en la finca. ¡Tierra Mojada, qué grato olor! y el chorro de la esquina caía musical, ronco, fuerte, acompasado. Yo recuerdo la alegría fresca bajo la lluvia. |
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La Siguanaba
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