El sol estaba en su cénit y la albura brilla,
¡Bella Iglesia en un día del
mes de Enero!
¡Innumerables champas cundían, empero,
era esta bella Iglesia
la gema del día!


Sucedían también los placeres mundanos,
que pululaban segregados de los
peregrinos;
estos, con fe y expiaciones, pedían al Divino
Cristo Negro, que
de su cruz oía al humano.

De toda Centroamérica en caravanas,
en
carreteras, o por caminos
vecinales,
con fé que Cristo curaría sus males,
perdonar sus pecados o
acciones malsanas...

Cerca de ese lugar también nace un río
de esas montañas que vigilan la Iglesia,
allí,
sólo un pequeño torrente se aprecia,
¡Pero en Mi País muestra su poderío!
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
|
Fue esa bella ciudad lo único que conocí
de la eterna Guatemala siempre
primaveral,
que si antes fue nuestra Capitanía General,
hoy es la hija mayor
de la tierra donde nací.