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LILIPUTIENSEEl cipote andrajoso pulguín |
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En la Universidad, el individuo arengaba:
"el marxismo es la respuesta
a la opresión"
El barbudo decía a la vez que se esmeraba,
tratando
de despertarnos convicción...
"El imperialismo yanqui con sus
lacayos
nos explota, ellos temen que despertemos,
mantienen la tiranía haciéndonos
vasallos.
¡Compañeros!: ¡golpe a golpe venceremos!"
Vivía mis
años veintes y me creía alma bravía,
odiaba esa dictadura gorilesca que asesinaba,
reprimía,
y masacraba al pueblo con alevosía...
y odiaba al yanqui que sombrío manipulaba...
La
explotación de muchos el sistema protegía,
por el injusto beneficio de salvar unos
pocos,
y con ayuda económica el yanqui enquistaría
en Mi Patria líderes crueles,
asesinos y locos...
La palabra dicha contra el poderoso reprimida,
y el
hechor acusado de sedicioso y comunista;
las denuncias de la Iglesia tildadas
subversivas,
y el pueblo empujado a buscar al extremista...
Las células
marxistas comenzaron a crecer,
¡la represión impune su crecimiento favorecía!,
obligó
al marginado y desposeído a escoger,
y con ellos y campesinos... ¡nació la guerrilla!...
Un
rosario de bombas estremeció la capital
la noche de la muerte de Monseñor Romero;
una
bala criminal acabó su lucha contra el mal,
pero el verdadero mal, vendría más postrero...
"Aquí
no puede haber guerrilla porque es pequeño..."
aducía el militar embotado
en poder, pero odiado
por el mismo pueblo que escuchaba con desdeño,
"...y
cualquier brote subversivo será aplastado".
A mi hijo de cuatro
meses apretaba a mis brazos,
lo impensable estaba ocurriendo en el país entero,
y
mi colonia era sacudida por bombas y balazos,
así la guerra se había iniciado esa
tarde de Enero...
Había visto con mis propios ojos la explotación;
pero yo
sabía de la teoría y dialéctica de engaño
que pregonaba el Marxismo con secreta ambición,
y
entre ambos, harían sufrir Mi Patria por años...
La guerra duró cómo duran los
males: Largamente;
y ambos decían luchar por el pueblo y su suerte,
ambos líderes
terminaron sanos y sobrevivientes,
y fue el pueblo quién pagó el precio de la muerte...
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