- ELEGÍA VIOLENTA
- A UN HOMBRE AGRARIO
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- La Historia, la carnicería, ríe,
pero el hombre....está herido. El victimario
calla. Profundamente calla. ¡También todos callaron! desde antes, las sombras cayeron
en tu espalda.
Hoy eres solamente cualquier sobrante de heno que se aburrieron de
morder las bestias... ¿Y habrá quién todavía, nos diga lo contrario? Hoy no
respiras. Hoy se te negó el aire: Cómo un santo soberbio. ¿Cómo justificamos
ésto, esa tu muerte pálida, de paja...? ¿Y quién afirmaría, que nosotros -poetas-
no estamos complicados en esa muerte tuya? ¿Quién se atreve a decir, inútilmente la
perdida lujuria de la rosa? ¡En éste caso nadie...!
Ahora tu corazón, es
una fruta seca consumida en su mismo aroma. Ahora tus ojos son un par de
gotas duras pesándole a la noche. Ahora tu cuerpo desolado pétreo, es nada
más el cauce que agotó el río. Ahora sí, al fín mañana mismo tendrás tu propia
tierra. Tu corazón, -tractor en el subsuelo- romperá las parcelas de tu
alto pecho agrario. Sembrarás la protesta dolida de tus dientes. Y estoy
seguro que mañana, tu voz vendrá temblando en los cereales. Y en la leche
más tierna del maíz cabrá la gota sagrada de tu genio.
Francamente, cualquiera
afirmaría que tú viviste de hombre. La vorágine herida de mi grito aún lo está
preguntando: ¿Fuiste invierno, que retornó a su orígen? ¿O fuiste lana, que
volvió a su oveja? ¿O la grave nostalgia, de algún minero antiguo? O la mueca
del hacha, reventada de un golpe? ¡Francamente, penetra la tristeza...!
Después
de todo, lo sentiremos mucho. Lo sentirá mi pecho y la herramienta tuya. Lo
sentirá la lluvia y el sol del mediodía. ¿Qué más después de todo? Yo por mi parte, -poeta
en la esperanza- lo más que ofrecería, es besarte las manos coaguladas, mientras
me duele el canto. Y en el futuro -eso sí, lo prometo- ¡saludar las auroras
de tu nombre!
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