Lo tuyo es natural, no alquimia o magia;
tu imagen, Soberana Mujer, se regocija
pensando en la bandera azul que cobija
el sueño de unidad que grita y presagia.

SOYLAMAR

  

Del Libro: "SOYLAMAR: Madrugadas y Atardeceres de La Vida"
por R.I. Valenzuela

 

FRENTE AL MAR

Alumbra la luna
sobre mi cabeza,
dentro de mi alma
embarga la tristeza.

El mar y la noche
se confunden
como dos amantes
cuando se unen.

Las gaviotas cansadas
duermen en la arena
La brisa me acaricia
como tus manos de seda.

A la orilla, se escuchan las olas
traen siluetas blancas,
A lo lejos se oye una sonrisa coqueta
en silencio escribe algún poeta...

Con la brisa del mar
siento llegar tu aliento
Como las olas te escucho
cálido como la arena te siento.

Frente al mar, como él
bésame, bésame de nuevo
déjame escucharte
tan solo un . . .¡te quiero!

 

 

 

 

 

DECLARACIÓN

No te amo... Amo el ruido de tus pasos en la calle adoquinada
y la seguridad que inspiras día a día, por doquiera que vayas.

No te amo... Amo el tono de tu voz que hace cosquillas a mi oído
y la claridez de tus pensamientos que dan a las palabras sentido.

No te amo... Amo el brillo del deseo que en tu sonrisa se escapa
y el deleite que refleja tu mirada mientras yo juego en la cama.

No te amo... Amo el olor del mar al recordar el encuentro
y el cielo estrellado, testigo único y fiel de nuestro misterio.

No te amo... Amo el sudor de mi piel contra tu piel morena
y sentirme a tu lado como una de las mujeres más bellas.

No te amo... amo el destino que me empuja a tus brazos
y estos largos días que sustentan momentos gratos.

No te amo... Amo la sutileza, la elocuencia, la sabiduria,
tu espíritu y el mío compartiendo, harmonizando en vida.

No te amo... No creo que el amor lo encierre un ser humano
un verbo mudo, un sol eterno, o un romántico poema.

No te amo... No sea que el sentimiento sea efímero y vano
Amo lo demás, todo lo que me das, pero a ti... ¡No te Amo!
 

          VEN Y AMAME

Ven, en el silencio de la noche van a desplegarse los sueños
y esta terca melancolía encontrará la pasión de tus manos.

Ven, en la sombra del placer va a desprenderse un orgasmo
y en el descanso subsecuente quedaré adormecida a tu lado

Ven, caminemos juntos hasta identificar un nuevo paraíso
que se escuche tu tierna voz acariciando mis pensamientos.

Ven, el horizonte nublado que no tiene dueño y será solo nuestro
haremos una nueva historia, cambiaremos nuestros cimientos.

Ven y Amame, dejemos nuestro amor esparcido por todo el universo

hay estrellas que callan, relucientes de envidia y moribundas de deseo
.

DIME

Dime...
lo que por mí sientes
ese secreto latente
que se guarda y arde
o se murmura solamente.

Dime...
Mi oido espera impaciente
que renueves mi existencia
que invadas mi soledad
como la piedrecilla -cual aliciente
que cae al lago- cual caricia
y perturba la serenidad.

Dime...
Deja escapar a la luz
las palabras que estremecen
que provocan y enternecen
a esta alma que padece
de los síntomas de amor
no hay otro momento mejor
en el sin fin de hoy.

Dime...
Verás que eres correspondido
y mi corazón lo ha decidido
que aquí te voy a esperar
para refugiarnos en este madrigal
adónde te guardo un lugar.

MAÑANA HOY SERÁ AYER

Los labios cantan
mientras el alma llora,
los sentimientos se embriagan
de amor cuando se enamoran.

Dos mentes soñadoras,
una ilusión perdida,
un camino comenzado
y otro que se termina.

La mirada fija,
el corazón latiendo,
las espera sin esperanza,
mientras el sol se va escondiendo.

Luego amanecer,
un despertar sin vida,
una profunda mirada
hacia un sol que no ilumina.

Me pregunto si cambiará
así como cambia el tiempo.
Cambiarán los sentimientos,
y quedaran solo recuerdos.

Sí, sólo quedan los recuerdos,
sólo queda el pasado,
queda sólo un hasta pronto
en el silencio ahogado.

Los ecos de una aurora
se escucharán sin querer,
aunque se llore, aunque se ría
mañana hoy será ayer.

 

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        SANTUARIO

Si hemos de sanar para siempre las heridas
que no sean solamente con besos y caricias.

Si hemos de encontrarnos entrelazados en un lecho
hagamos el amor, en el pesebre de estos versos.

¿Y porqué esconderlo? Si es un sentir incomparable
no hay nada más sublime y menos reprochable.

Si en la distancia se unen nuestros pensamientos
los momentos junto a ti, son breves... pero eternos.

Quiero que mis pétalos reposen en tu cuerpo
y me dejen poseer la quimera que hoy pretendo.

Doy a los demás lo que puedo, sin esperar nada
más en ti encuentro el santuario que buscaba.

Vengo a ofrecerte, esta vez, mi amor hecho poesía.
No es sacrificio de mi parte, ¡es más bien, una osadía!

 

 

 

 

¿CÓMO SERÁ AMARTE?

¿Cómo será encontrarte?
Si mi ser no ha pretendido
ser tan bien correspondido
y sólo buscaba saludarte.

¿Cómo será conocerte?
Si vagando entristecido
este corazón prohibido
busca razón para quererte.

¿Cómo será quererte?
Si en mi diario desvarío
mi cuerpo en desafío
se estremece sin tenerte.

¿Cómo será tenerte?
Si mis manos han sentido
un palpitar como el mío
sin poder pertenecerte.

¿Cómo será entregarme?
Si tu temor es el mío,
terminar enloquecidos
enamorarte y enamorarme.

Y... ¿Cómo será amarte?

LA FOGATA

        Sentada al lado de una fogata, reflexionando sobre la existensia me encontré un día de éstos. La tierra seca y fría me decía que el mundo necesita calor. El cielo inmenso y muerto me decía que es frágil la vida pero eterno el espíritu que la habita. Y me sorprendió el llanto de alegría al ver la fogata que ardía en la oscuridad y me apresuré a escribir a la luz de las llamas algo que no cabía en mi soledad del momento:

 

 

UNIDAD es poder
Y sentir la fuerza de nuestro tezón
que enciende los leños secos,
los verdes, los húmedos, para que ardan
tanto como la hojarazca seca.

UNIDAD es hacer,
es soñar y trabajar por un ideal
dar calor a un mundo frío
dar luz a la noche muerta
y dar vida a la esperanza.

UNIDAD es creer en mí y en ti,
juntar nuestros esfuerzos,
compartir la visión de un mañana
para repartir la grandeza
de sentimientos nobles.

UNIDAD es una fogata,
y nosotros somos los trozos fuertes
que mantienen la llama perdurable
para la nueva generación.

 

 

 

 

 

UN DESPERTAR

        No hubiera abierto los ojos, pensé. Mejor no hubiera despertado de un sueño a una pesadilla. Pero mis ojos se abrieron y ví el día soleado. Frente a mi cara una estrecha ventanilla me dejaba espiar hacia afuera. La ventanilla estaba abierta, cómo era costumbre en mi pueblo, para que el sol alumbre por última vez los cuerpos que se van, mejor dicho que se quedan pero tres metros bajo tierra. Trás el cristal ví el camino que quedaba atrás, aunque solo veía el cielo azúl, algunas nubes, y los zopes que acostumbran pasear en los días de luto. También alcancé a ver las ramas de los árboles de la derecha, la procesión del entierro iba a un lado de la calle.
       Ví como si una corona de rosas blancas adornaban mi frente, imaginé su olor, pero la verdad no olía nada. También imaginé que cantaban y lloraban por mí, pero todo estaba silencioso. No me podía mover, mi cuerpo pesado y duro no me respondió. Era un cuerpo dormido, quieto, ese mismo que nos hace sentir fuertes y valiosos mientras vivimos, pero que en un momento se vuelve frágil e indeferente a ese yo que lo domina. El cuerpo membrudo se queda roto como el árbol más delicado, como el lazo más fino; esa materia que nos engaña fácilmente por que ni es más grandioso que un grano de arena ni más fuerte que una roca. Pues al final sólo queda eso que llaman espíritu. Y el mío, mi espíritu curioso, parecía haberse quedado espiando por las ventanas de mi cuerpo, mis ojos.
       Yo no lo creía, me resistía a creer semejante cosa. Hasta que después de cielo, nubes, aves y ramas, se entreveró en el paisaje el inmenso portalón blanco, casi gris y agrietado, del viejo sementerio del pueblo. Quise gritar con todas mis fuerzas, quebrar aquella ventanilla a manotazos dar de patadas a esa caja y escapar...¡escapar!
        De pronto dieron media vuelta, quedando el sol frente a mí. Mis ojos entreabiertos se cerraron bruscamente, luego sentí que mi cuerpo bajaba. La sombra de los que se asomaban a verme las sentía perfectamente sobre mí. Eran pocas y pasaban con rapidez. Y me pregunté, ¿Tan mal está mi apariencia que no se detienen a contemplarme? De pronto sentí que una mirada se clavó en mí y abrí los ojos lo más que pude, era mi abuelita que hacía una cruz con sus dedos sobre el vidrio en dirección a mi frente, cómo cuando salía para la iglesia. Ahora me miraba con una media sonrisa, que mezcladas con sus lágrimas, me pareció como una mueca. Luego me susurró algo, y pensé oirla decir: - "Pronto nos veremos". Ella siempre ha creído que la muerte es vida. Me llené de horror al pensar que yo la estaba viendo y ella... ¿Cómo és que no se fijó en mis ojos abiertos? Talvéz sólo quize abrirlos, sólo imaginé ver, pero el cuerpo de carne y hueso seguía dormido, inmóvil. ¿Quién puede explicarlo? ¡Ah! ¿Pero porqué preocuparse por ver en ese momento si pasamos toda una vida a ciegas?
        Después hubo sombra, solo sombra, cerraron la ventanilla de madera y sentí que mi cuerpo bajaba, bajaba lentamente. Tenía que gritar, tenía que hacer algo antes de la primera palada de tierra, pero no había nada por hacer. Dicen que para todo hay solución en la vida menos para la muerte. Es verdad, pensé, pues la muerte es la solución de un problema muy grande que se llama vivir.
        Había pasado un tiempo ya. Sabía que detrás de ésas tablas forradas de encajes y seda por dentro, al lado de afuera había sólo tierra, negra y húmeda. Era la tierra dejada por otros que murieron antes que yo. Mis antepasados convertidos en polvo, aquellos desconocidos, sin nombre, que parecían destinados a recibir mis restos. Y de pronto pensé que era bello que mi cuerpo decansara en mi tierra. Resignada, sólo me quedaba una solución y ésta llegaría sola. Sólo faltaba un poco de tiempo, sólo un poco más. Y allí se quedó mi cuerpo yerto y mi mente esperando. Sentí que algo cambió, de pronto me sentí liberada. Tenía la impresión de que miraba aunque todo estaba obscuro. Mis ojos mecánicamente se dirigieron a una rendija de una pequeña ventana por la que creo, entraba luz, ¡luz!. No me había dado cuenta que estaba bañada en lágrimas y sudor. Mi cuerpo estaba tieso y mi quijada temblaba; miraba fija la ventanilla. Desorientada, no recordaba que estaba durmiendo en el cuartito del sótano, era la primera vez y no reconocía el lugar. Pasé un largo rato llena de espanto. Comencé a sentir mi cuerpo, respiraba despacio, dejé de sudar, de llorar y temblar. Me atreví con temor a mover mis manos y mis pies. ¡Qué alivio! El cuerpo me respondía; mis cabellos largos estaban tortoleados en mi cuello, las sábanas y la colcha enrolladas en mi cuerpo. Con cuidado desenredé mi pelo y desenrollé las cobijas. Me levanté sin encender la lámpara, me dirigí a la ventanilla y la abrí, amanecía. Regresé a la cama y me senté, recogí la almohada que yacía en el suelo y la apreté contra mi pecho. Solté una carcajada nerviosa mezclada con llanto, pero creo que estaba alegre. Me recosté sobre mi cama mirando a la ventanilla abierta, y así me quedé esperando a ver salir el sol, esperando a que saliera, esperando...
 
Copyright ©1997. R.I.Valenzuela
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