La FAMILIA de ALVARADO


MOCTEZUMA Y HERNÁN CORTÉS
-Sustantivo del verbo civilizar: Destrucción, Robo, extinción...
-Arribo de "Tonatiuh"
        
        Desde La Conquista hasta nuestros días, Cuzcatlán ha sufrido excoriaciones de miembros de una misma familia, o familias, las cuales han usado frases estandartes tales como "religión, libertad, civilización" comenzado por los españoles... al igual que el "Destino Manifiesto" usado por sus contrapartes anglosajones.
       
La primera familia en aprovecharse en usar estas frases como falacia, fue la familia del conquistador español Pedro de Alvarado... Así que comencemos con la familia del Adelantado, y Capitán de Hernán Cortés, Pedro de Alvarado.
       Alvarado nació en Badajoz, Extremadura, en el seno de una numerosa familia noble de España. En 1510 viajó con sus cuatro hermanos Jorge, Gonzalo, Diego, y Gómez hacia América. La familia llegó a Cuba, y luego de breve estadía, se traslada a Veracruz, México. Allí, bajo las órdenes de Hernán Cortés, participan en la conquista de México.
       Hernán Cortés, ávido de conquista, encargó a la familia Alvarado, a la cabeza de su capitán Pedro de Alvarado, la conquista de Guatemala y Cuzcatlán. Salieron de México el 6 de Diciembre de 1523, con 500 soldados de infantería, 120 de caballería, 200 indios Tlaxcaltecas, 100 Méxicas, 4 piezas de artillería, 40 caballos de reserva, y abundante pertrecho militar. Pedro de Alvarado era rubio, ojos claros, por lo cual los indios le llamaban Tonatiuh -dios del sol-, lo explica
Jorge Lardé y Larín en su libro "El Salvador: Descubrimiento, Conquista, Colonización".
        Comenzó la campaña en Guatemala devorando los pueblos fronterizos Quiché del Soconusco a quienes finalmente derrotó en Quetzaltenango, en esa batalla murió combatiendo valientemente su cacique Tecún Umán. Alvarado contó con la ayuda traicionera de varias pequeñas tribus, y principalmente de los Cachiqueles. Después de masacrar a todas las tribus del área, incluyendo las tribus traidoras de los Cachiqueles, el Capitán Pedro de Alvarado y sus hermanos se apoderaron de toda Guatemala, la cual pasó a ser parte de la dominación española.

 

     Campaña por la Conquista de Cuzcatlán.

       En Junio de 1524, partió de Ixinché (capital de los Cachiqueles) la primera campaña contra Cuzcatlán por la familia Alvarado. Con pocas tropas españolas, pero con un cuantioso número de indios, comenzó la masacre en Escuintla (Itzcuintlán), donde hizo pasar a cuchillo toda la población, a finales de Junio atravesó el Río Paz (Paxa) penetrando el norte del territorio cuzcatleco. El primer poblado que encontraron fue Nahuizalco (Mojicalco) pero estaba desolado, los habitantes se habían escondido en los montes, lo mismo sucedió cuando llegaron a Izalco. En las afueras de esta ciudad se halla la quebrada de "Los Olotes", y allí también existe una poza hoy llamada "de la conquista" y que, según el historiador salvadoreño Santiago Barberena, fue de allí que el mayor de la familia Alvarado, don Pedro, sin aún haber ganado una batalla, exigió a los locales a someterse a España.
        Se dirigieron de allí al pueblo de Acatepec (Acatecpán), que también halló vacío. De Acatepec llegaron al pueblo de Acaxual, ciudad al este del hoy puerto de Acajutla. Los españoles hallaron no lejos de Acajutla, cerca de Tacuxcalco, la primera resistencia abierta de los Pipiles. Los guerreros Pipiles llevaban corazas de algodón acolchadas que cubría todo su cuerpo, éstas eran bastante pesadas e incomodas para una batalla militar, y si caían ya no se podían levantar.
       Los españoles retrocedieron tácticamente para alejar al ejército pipil de una cercana montaña que podía servirles de refugio al ser derrotados, luego viraron y cayeron sobre los Pipiles con la caballería provocándoles una enorme mortandad. Pero en esta batalla cayeron heridos varios españoles y en una existente carta de Pedro de Alvarado a Cortés, narra que él mismo fue herido en la pierna izquierda producto de un flechazo Pipil. Pero una más fiera resistencia hallaron en Tacuxcalco, al sur de Sonsonate, donde un numeroso ejército Pipil salió a combatirlos. Los Pipiles esta vez usaban lanzas de hasta cuatro metros de largo y era más numeroso que el de
Acaxual. Los españoles eran 250 y contaban con casi seis mil indios de auxiliares. Pedro de Alvarado, aún sanando de su herida, y no pudiendo combatir, distribuyó sus fuerzas en cuatro cuerpos de ejército y puso a la cabeza de cada ejército a sus cuatro hermanos... La familia esperó el combate... La batalla duró pocas horas con muchos indios muertos y heridos, los vencidos y diezmados huyendo a los montes y colinas.
       Leamos lo que Alvarado escribía en sus cartas a Hernán Cortés sobre la campaña de Cuzcatlán. Estas cartas, dicho de paso, constituyen los primeros documentos históricos que mencionan la tierra cuzcatleca:

        Aquí en este reencuentro me hirieron muchos españoles y a mí con ellos, que me dieron un flechazo que me a pierna y entró la flecha por la silla, de la cual herida quedé lisiado que me quedó la una pierna más corta la otra bien cuatro dedos...
       E de aquí partí para otro pueblo que se dice Atebuán, y ahí me enviaron los señores de Cuxcaclán, sus mensajeros para que diesen obediencia a Sus Majestades y a decir que ellos querían ser sus vasallos y ser buenos y así le dieron a mí en su nombre. Y yo les recibí pensando que no mentirían como los otros.
       Y llegando que llegué a esta ciudad de Cuzcaclán hallé muchos indios de ella que me recibieron y todo el pueblo alzado y mientras nos aposentamos no quedó hombre de ellos en el pueblo que todos se fueron a las sierras y como vi esto yo envié mis mensajeros a los señores de ahí a decirles que no fuesen malos y que mirasen que habían dado la obediencia a Su Majestad y a mí en su nombre, asegurándoles que viniesen, que yo no les iba a hacer guerra ni a tomarles lo suyo, sino a traerlos al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad.
       Enviáronme a decir que no conocían a nadie, que no querían venir, que si (para) algo les quería ahí estaban esperando con sus armas. Y desde que vi su mal propósito le envié un mandamiento y requerimiento de parte del Emperador señor nuestro en que les requería y les mandaba que no quebrantasen las paces ni se rebelasen, pues ya se habían dado por sus vasallos. Donde no, que procedería contra ellos como con traidores alzados y rebelados contra el servicio de Su Majestad y que les harían la guerra y todo los que en ella fuesen tomados, a vida serían esclavos y los herrarían. Y que si fuesen leales, de mí serían favorecidos y amparados como vasallos de Su Majestad.
       Y a esto no volvieron los mensajeros ni respuestas de ellos. Y como vi su dañina intención y porque aquella tierra no quedase sin castigo, envié gente a buscarlos a los montes y sierras, los cuales hallaron de buena y pelearon con ellos e hirieron españoles e indios mis amigos. Y después de todo fue preso un principal de esta ciudad y para más justificación le tomé a enviar con otro mi mandamiento y requerimiento. Y respondieron lo mismo que antes.
       Y luego, como vi esto, yo hice proceso contra ellos y contra los otros que me habían dado la guerra y los llamé por pregones y tampoco quisieron venir. Y como vi su rebeldía y el proceso cerrado, los sentencié y di por traidores y a pena de muerte a los señores de esta provincia, y a todos los demás que se hubiesen tomado durante la guerra y se tomasen después hasta tanto que diesen la obediencia a Su Majestad, fueron esclavos y se herrasen y de ellos o de su valor se pagasen once caballos que en la conquista de ellos fueron muertos y los que de aquí en adelante matasen y más las otras cosas de armas y otras cosas necesarias para la dicha conquista.
       Sobre estos indios de esta dicha ciudad de Coxcaclán (Cuzcatlán) estuve diecisiete días y nunca por entradas que mandé hacer ni mensajeros que les hice, como he dicho, los pudo atraer por la mucha espesura de montes y grandes sierras y quebradas y otras muchas fuerzas que tenían...
        Atlacatl: ¿Un Nombre, un Título, un Hombre, o un Mito?
        Como dice Pedro Alvarado en su carta, la familia española penetró por fin al Señorío de Cuzcatlán cuando llegó a Ateos (Atehuán), cuya población recibió amistosamente al caudillo español, las familias y los guerreros, y de acuerdo a Barberena, estando aquí, Pedro de Alvarado recibió emisarios del cacique de Cuzcatlán, que la tradición le ha puesto el nombre de Atlacatl, éste ofrecía su obediencia y la de sus vasallos al rey de España, o sea, ¡sin una lucha, Atlacatl, se rendía a los españoles!...
        El mito del "valiente" Atlacatl, que irresponsablemente ha sido inmortalizado en pinturas, esculturas, murales, cantos, poemas, aún en poses lanzando una flecha en Acaxual a Pedro de Alvarado, y al cual "lo deja cojo para toda su vida", es solamente eso: un patrioterista mito. El histórico Atlacatl, según el historiador Barberena (que algunos académicos como Jorge Lardé y Larín ponen en duda su existencia y dice sólo era una denominación) dice existió, pero era un cacique dócil, afable y carácter débil, quizás con cierto vestigio de valor pues murió en la batalla de Cuzcatlán... Honestamente, y de acuerdo a imparciales historiadores salvadoreños, para mi, el famoso Atlacatl es un símbolo que no hace daño a nadie. Si tiene Honduras a Lempira, Guatemala a Tecún-Umán, Panamá a Urraca, Chile a Caupolicán, Perú a Tupac Amarú, México a Cuauthémoc, los gringos a Toro Sentado... Una moda histórica es tener un indio valiente... El Salvador, habiendo muchos y valientes, escogió al contradicho Atlacatl... Mi padre una vez me comentó "está bien así, cuando no daña a nadie"
        Don Pedro aceptó la invitación de Atlacatl y se trasladó a la capital de Cuzcatlán donde se hospedó en el mismo palacio del cacique Atlacatl, pero aún siendo así, tan bien recibido por los cuzcatlecos, no duró mucho su hipocresía y sus verdaderas intenciones: El oro.

La Otra Cara de la Historia

Leamos como narra alguien que vivió y vió los hechos: Fray Bartolomé de Las Casas, quien en su tratado de "La Destrucción de las Indias" lo cuenta refutando la versión coloriada del troglodita Alvarado:

        
"De infinitas obras horribles que en este reino hizo este infelice malaventurado tirano y sus hermanos, porque eran sus capitanes no menos infelices e insensibles que él con los demás que le ayudaban, fué un harto notable, que fué a la provincia de Cuzcatlán, donde agora o cerca de allí es la villa de San Salvador, que es una tierra felicísima, con toda la costa de la mar del Sur, que dura cuarenta y cincuenta leguas; y en la ciudad de Cuzcatlán, que era la cabeza de la provincia, le hicieron grandísimo recibimiento, y sobre veinte o treinta mil indios le estaban esperando cargados de gallinas y comida.
        Llegado y recibido el presente, mandó que cada español tomase de aquel gran número de gentes todos los indios que quisiese para los días que allí estuviesen servirse de ellos y que tuviesen cargo de traerles lo que hubiesen menester. Cada uno tomó ciento o cincuenta, o los que le parecía que bastaban para ser muy bien servidos, y los inocentes corderos sufrieron la división y servían con todas sus fuerzas, que no faltaba sino adorarlos. Entretanto, este capitán pidió a los señores que le trajesen mucho oro, porque a aquello principalmente venían.
        Los indios responden que les place darles todo el oro que tienen, y ayuntan muy gran cantidad de hachas de cobre (que tienen, con que se sirven) dorado, que parece oro, porque tiene alguno. Mándales poner el toque, y desque vido que era cobre dijo a los españoles: "Dad al diablo tal tierra; vámonos, pues que no hay oro, y cada uno, los indios que tiene que le sirven échenlos en cadena y mandaré herrarseles por esclavos". Hácenlo así y hiérranlos con el hierro del rey por esclavos a todos los que pudieron atar, y yo vide el hijo del señor principal de aquella ciudad herrado. Vista por los indios que se soltaron y los demás de toda la tierra tan gran maldad, comienzan a juntarse y a ponerse en armas. Los españoles hacen en ellos grandes estragos y matanzas y tórnanse a Guatemala."

        Pero la familia Alvarado no logró conquistar de facto la tierra cuzcatleca. Muchos pipiles murieron en ese primer asalto, incluyendo nuestro legendario Atlacatl o "Señor de Cuzcatlán" (según Barberena); asi como también muchos pipiles huyeron a los "montes y sierras cercanas". Lo que se llegó a nombrar siglos después como "Lomas de Candelaria" y las faldas del Volcán de San Salvador fueron refugio para miles de cuzcatlecos, entre ellos muchos guerreros que esporádicamente bajaban a Cuzcatlán y atacaban a los invasores extranjeros... La familia Alvarado intentó tretas y subterfugios por hacerlos regresar y someterse, pero sin éxito, aún envió mensajeros pero éstos nunca regresaron.
        Para agravar la situación, un riguroso invierno obligó a los conquistadores, después de permanecer en Cuzcatlán por 17 días, a regresar a Ixinché, en Guatemala.
       Una segunda campaña para conquistar Cuzcatlán se hizo necesaria y se inició a finales de 1524, capitaneada por Diego de Alvarado, segundo en línea de dicha familia. Esta vez los españoles tuvieron más éxito, pero aún no completa victoria; ésto se deduce por el hecho que Diego de Alvarado fundó en Diciembre de 1524 la
"Villa de San Salvador" en el valle de Las Bermudas, cerca de Suchitoto y no tan cerca de Cuzcatlán; era un sitio solitario, extremadamente húmedo y lluvioso. No hay muchos datos históricos sobre esta segunda expedición de Diego de Alvarado, pero se acepta como hecho que la conquista de Cuzcatlán no fue completada en esta segunda expedición.
       El Adelantado
Pedro de Alvarado fue procesado en las cortes españolas por las masacres que desató en Cuzcatlán; él se defendió con el pretexto de los mensajeros muertos y fue exonerado de los cargos en 1529. Gracias a este proceso se saben sus correrías que tantas vidas cuzcatlecas acarrearon.
        Doce años después, en 1541, el caudillo de la familia Alvarado falleció en el estado de Jalisco, cerca de Guadalajara, huyendo de guerreros indios que lo acosaban. Iba adelante su escribano Baltasar Montoya que halaba su caballo en una empinada, y, debido a lo rocoso de la subida, su agotado caballo resbaló y se lo llevó consigo cuesta abajo.
       A raíz de estas heridas, Pedro de Alvarado falleció el 29 de Junio de 1541.

Tamen

 
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