- MI CIUDAD
Hay una linda ciudad muy lejos al Oriente, son horas de trén a travéz de
tierra agreste, pero bajando la montaña viniendo del Oeste, veo esa bella
Ciudad que guarda mi mente... Viniendo de la Capital, la visité un Diciembre,
cuando la Ciudad en sus fiestas se engalana, así llegué a sentir esa alegría
honesta y sana, y desde ese día, hice mía Mi Ciudad siempre... El cerro
Conchagua es su guardian celoso, y el mar baña sus playas con pacíficas olas, su
parque, su iglesia, toda la Ciudad enarbola, esa sencillez que posee este pueblo
hermoso... Esa brisa marina que despierta mi emoción, y el calor brutal
quema Mi Ciudad impávida, esa minuta de fresa en Punta de la Rábida, y esas
noches de estrellas en el Malecón... También disfruté los bacanales mundanos,
allí donde pululan esos placeres carnales, en su zona roja habían siempre carnavales,
y el vicio rampante fluía con placer ufano... Llegué a respetar siempre
humildemente, esa bella gente que me recibió con cariño, nunca me conocieron
cuando yo era niño, pero aún me trataron siempre familiarmente... Yo amé
la Ciudad y una hija con pasión, aún hoy en día mi mente guarda esa flor, de
esos años de rebeldía, placer y amor, en Mi Ciudad que se llama... ¡La Unión!

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MI
BARRIO
Era un sano barrio; pocos había que lo moderno había respetado; y era
un mesón que más mercado era, que lugar donde gente vivía.
Eran diez familias
que habitaban, pero todos atendían un negocio; sí, había pobreza; pero no el ocio, y
chismes y pleitos abundaban.
Era mi infancia la que afloraba en ese Barrio
de gente modesta, pero era gente de vida honesta, y a su manera cada uno se
amaba.
La calles se embellecían en semana santa con las alfombras de aserrín
y cajuelas; el Señor se pasearía por las callejuelas de Mi Barrio con gente que
ora y canta.
Pero el terremoto del día de la cruz el mesón y la capital
estremecieron; si bien las familias sobrevivieron, meses vivieron orando a
Jesús.
¡Y la ciudad se engalana con sus fiestas que en Agosto celebraban
jubilantes!. ¡Era "la bajada" el momento culminante de esa fe que
era en todos manifiesta.!
Era alegría la llegada de Navidad, el humor de
la gente cambiaba risas, fiestas, comida abundaba eran Nochebuenas de felicidad.
La
talabartería y carpintería cerraba, el taller de mecánica casi no habría, y en
todo Diciembre la ciudad reía, la alegría Navideña se manifestaba.
Pero el
temblorón condenó al mesón; y los meses de despedidas siguieron, uniéndolos más,
cómo nunca fueron, viviendo sus últimos días en emoción.
A ninguna de esas
familias volví a ver de nuevo, pero el recuerdo aún perdura en mí, fue una pobreza
llena de dulzura, ¡que honroso viviría si volviera a nacer!
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