CANCION AGRARIA A CUBA
I El gran dolor de la tierra es no dar fruto. Alguien lo decía:
"La
tierra sin brazos será para los brazos que carecen de tierra".
Y al que
esto dijo lo condenaron todos los estúpidos; y hubo un traidor que hipotecó a
su Patria para que no tomaran cuerpo las palabras.
Así fue como un día, Guatemala se
puso gris de niebla. Y la metralla rompió el pecho de los agraristas. Esto que
canto y digo, es un antecedente.
Mientras tanto un gobierno en el Norte de
América proclama la Justicia y los derechos del hombre. Es un gobierno de fenicios
y de mercaderes que se inventan patriotas para humillar al mundo. Carlos Castillo
Armas es el mejor ejemplo. II Ya lo sabíamos; era una cosa Vieja
como el viento; una verdad Sabida, escrita por los dioses fundadores del hombre y
la alegría; por los grandes espíritus, ahuyentadores de las espesas lágrimas del
mundo.
Ya lo sabíamos: la tierra es para el hombre que la siembra. El
grano nace entonces como niño; es casi una minúscula guitarra o un pequeño
pájaro que salta de la tierra y se hace tallo y fruto para salir cantando.
El
primer gran dolor no fue la muerte; fue lo absurdo de decir esta tierra es
sólo mía.
Desde entonces, la explotación del hombre por el hombre; los
esclavos, el látigo y el hambre; desde entonces la felicidad fue reservada a
unos pocos.
Y estos pocos fundaron las naciones y las guerras.
III
La
flor de caña enciende sus espadas de azúcar porque la miel que en ella fermenta
su cintura ha de quebrar su cántaro de claridad y luna para tu pueblo, ¡Cuba!
Tu
tierra es una esponja; una aromada espuma. Un corazón fragante te envuelve y te
circunda. Las manos del que siembra recogerán las frutas de las cosechas tuyas.
Oh,
Cuba, dulce Cuba, en tu Reforma Agraria todo tu pecho vibra con temblor de guitarra. Eres
alegre y ágil como son las tonadas que el campesino canta.
Cuando en tu
pecho cae la semilla, se alegra, y brota elemental del cauce de la tierra sabiendo
que la sabia que tiene y alimenta será para el que siembra.
Sobre tu corazón
que realiza el milagro estalla en alegría la casa del tabaco. Hay júbilo de oro
en torno de los brazos y la semilla salta para salir cantando.
Dolor el
de la tierra que no puede dar fruto. Como una virgen arde en plenitud de impulso, y
toda ella vibra en sus temblantes muslos esperando el contacto de los besos más
puros.
Ah, Cuba, dulce Cuba, la tierra de tu isla será una tierra tierna
de amores lunecida. Estallará cantando la voz de la semilla y el hombre que
la siembra recogerá su dicha.
Ah, Cuba, dulce Cuba, hoy la tierra sin brazos será
para los brazos que carecen de tierra. Harás para tus hijos el constante milagro de
que ellos vivan siempre cantando en primavera.
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CUBAMERICA
Te podrías llamar Simón Bolívar; o Domingo Faustino Sarmiento, porque eres el
más hondo metal de la pureza.
Te podrías llamar Bernardo O'Higgins, claro
salitre ardiendo sobre tu cuerpo de isla, alto joyel que candoroso guarda el
mar caribe.
Te podrías llamar, Carlos Luis Prestes, porque tienes los
ojos abiertos a la esencial estancia donde se va forjando la esperanza.
Te
podrías llamar, José Simeón Cañas, porque tu nombre es popular como naranja.
Te
podrías llamar, José Martí, porque la hiedra del chaleco suyo vale más que el
fulgor de las espadas.
Te podrías llamar Sandino; a secas.
Te podrías
llamar Sierra Maestra; o Fidel, o Camilo. O con el nombre de un héroe caído por
levantar tu estrella.
Pero yo, hoy he venido a pronunciar tu nombre de
otro modo; con sílabas que vienen de muchísimas muertes encendidas, más puras
que las lámparas; diáfanas como la luz que hiere al día; claras como la sal
o las ventanas.
Hoy he venido a pronunciar tu nombre. Y se me vuelven fiesta
las palabras. La Paz me brota alegre de los labios como venado que al saltar
se bebe el barco de la tierra.
Te advierto, estoy alegre y he tenido
que salir a la calle a gritar mi borbotón de gritos porque encontré tu verdadero
nombre.
Ya no te llamas Cuba, Cuba, sólo. Tu nombre es caracol que ha recogido todo
el rumor del Nuevo Continente, toda la alta hoguera de la lucha, toda la sangre
pura de los muertos que regaron sus ojos en la tierra y sembraron sus pechos
como milpas por tal de que la tierra se entreabriera como un pecho frutal que
se da al pueblo.
Ya no te llamas Cuba, simplemente.
Te llamas, Cubamérica. Y
en tu nombre se esconde la esperanza de estos pueblos heridos por el hambre. Lanzados
al abismo y a la noche por los mismos que hundieran Guatemala.
Ya no te
llamas Cuba, simplemente.
¡Te llamas, Cubamérica!
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