¡BORÍNQUEN!
LA TIERRA DEL EDÉN

anigreen02_pulse_up.gif anigreen02_pulse_up.gif anigreen02_pulse_up.gif

VIRGILIO DçVILA
1869-1943

ELEGÍA DE REYES

Ahora es igual que los otros
el que fue nuestro gran día.
¡Ay! ¡Madre Melancolía!
¡Que ya no somos nosotros!

Tiempo atrás, al acento
del tiple y de la maraca,
saltaba yo de la hamaca
entusiasmado y contento.
Mas ahora salir no intento
ni en el mejor de mis potros;
que al reyar para nosotros
no es lo que enantes solía.
¡Ay! Nuestro clásico día
ahora es igual que los otros.

¡Llora! ¡Llora, corazón,
que ves pasar al olvido
lo que en nosotros ha sido
encanto, dicha, ilusión!
¡Ya se fue la tradición
que más nuestros nos hacía!
¡Ay! ¡Madre Melancolía!
¡Que ya no somos nosotros!
¡Ahora es igual que los otros
el que fue nuestro gran día!

Ya en el batey no me espera
para ser mi cumarracha,
la decidora muchacha
fresca, linda y sandunguera.
Ya la copla lisonjera
no bulle en la mente mía.
Ya no fulgura este día
como en los años que fueron...
¡Ya los Reyes se murieron!
¡Ay! ¡Madre Melancolía!

Asoma ya el seis de enero
que antaño aguardé impaciente
para montar diligente
a mi chiringo jobero.
¿A qué salir al sendero
si en él no piafan los potros?
¡Si ahora es igual que los otros
el que fue nuestro gran día!
¡Ay! ¡Madre Melancolía!
¡Que ya no somos nosotros!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOSTALGIA

¡"Mamá! ¡Borinquen me llama!
¡Este país no es el mío!
Borinquen es pura flama,
¡y aquí me muero de frío"!

Tras un futuro mejor
el lar nativo dejé,
y mi tienda levanté
en medio de Nueva York.
Lo que miro en derredor
es un triste panorama,
y mi espíritu reclama
por honda nostalgia herido
el retorno al patrio nido.
¡Mamá! ¡Borinquen me llama!

¿En donde aquí encontraré
como en mi suelo criollo
el plato de arroz con pollo,
la taza de buen café?
¿En donde, en donde veré,
radiantes en su atavío,
las mozas, ricas en brío,
cuyas miradas deslumbran?
¡Aquí los ojos no alumbran
¡Este país no es el mío!

Si escucho aquí una canción
de las que aprendí en mis lares,
o una danza de Tavárez,
Campos, o Dueño Colón,
mi sensible corazón
de amor patrio más se inflama,
y heraldo que fiel proclama
este sentimiento santo,
viene a mis ojos el llanto...
¡Borinquen es pura flama!

En mi tierra, ¡qué primor!,
en el invierno más crudo
ni un árbol se ve desnudo,
ni una vega sin verdor.
Priva en el jardín la flor,
camina parlero el río,
el ave en el bosque umbrío
canta su canto arbitrario,
y aquí...¡La nieve es sudario!
¡Aquí me muero de frío!

   

EL MAESTRO

Mi mentor era un viejo de ojos claros y vivos
que al llegar los exámenes a su terminación,
pronunciaba un discurso de muchos adjetivos,
y alcanzaba del pueblo una gran ovación.

Mientras cura y alcalde cobraban sin retrasos
y en duros relucientes la nómina mensual,
el maestro cambiaba sus haberes escasos
por viandas, en la tienda del cacique rural.

El sabía retórica, y sabía latines.
Si cualquiera moría por aquellos confines,
él era fatalmente el fúnebre orador.

A pesar de su celo y labor constante,
por mambí lo tuvieron y dejaron cesante
cuando vino Laureano Sanz de gobernador.

JOSÉ DE DIEGO
1867-1918

POMARROSAS

En las orillas de los viejos ríos,
que llevan sus corrientes rumorosas
por los bosques recónditos y umbríos,
nacen las pomarrosas
pálidas, escondidas, aromosas,
lejos del sol, como los versos míos...

En el suelo feraz, que el agua inunda,
yérguese el tronco en la raíz profunda,
al son perpetuo del raudal sonoro:
¡y absorbe, en cada poro,
y el resplandor de sus manzanas de oro!
el jugo que le nutre y le fecunda

Como los astros, al tocar su meta,
brillan las pomarrosas reflejadas
en el móvil cristal de la onda inquieta
¡y como las granadas
y como las canciones del poeta
flotan sobre la tierra coronadas!

¡Oh, fruto, en que la flor se transfigura,
sin dejar de ser flor! ¡Tierna hermosura,
que la fragancia con la miel reparte,
y es perfume y dulzura
y símbolo, en que muestra la natura
la virginal maternidad del arte!

¡Cuán misterioso de la tierra el seno!
La sombra de la muerte se difunde
en el abismo, de amargura lleno...
¡El tártago se hunde
y, en vez de néctar de la vida, infunde
y alza a la flor maléfica el veneno!

Mas, no la pomarrosa, que transmuta
en rica savia y en potencia fuerte
la ponzoña que infiltra la cicuta...
¡Así mi alma convierte,
como el arbusto de la blanca fruta,
la sombra en luz y en navidad la muerte!

¡Amor! ¡Dolor! ¡Corriente combatida!
¡Esperanza inmortal! ¡Anhelo santo!
¡Ondas de mi alma y ondas de mi vida,
¡Fecundidad del llanto!
¡Renacimiento de la fe perdida!
¡Pomas del bien y rosas de mi canto!
¡Bendecid a las áureas pomarrosas,
que en las orillas de los viejos ríos
se elevan escondidas y aromosas!
¡Amad los desvaríos
del alma triste que, en los versos míos,
saca los frutos del abismo en rosas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    ÚLTIMO ACTIO

Colgádme al pecho, después que muera,
mi verde escudo en un relicario;
cubridme todo con el sudario,
con el sudario de tres colores de mi bandera.

Sentada y triste habrá una Quimera
sobre mi túmulo funerario...
será un espíritu solitario
en larga espera, en larga espera, en larga espera...

Llegará un día tumultuario
y la Quimera, en el silenciario
sepulcro erguida, lanzará un grito...

¡Buscaré entonces entre mis huesos mi relicario!
¡Me alzaré entonces con la bandera de mi sudario
a desplegarla sobre los mundos desde las cumbres del infinito!

 
 
 
 
 
 

EN LA BRECHA

¡Ah, desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece,
y como el germen enterrado: late.

Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece...
Haz como el río con la lluvia: ¡crece!
y como el mar contra la roca: ¡bate!

De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

¡Levántate! ¡revuélvete! ¡resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡muge!
o como el toro que no muge: ¡embiste!

 

LUíS LLORENS TORRES
1878-1944

CANCIÓN DE LAS ANTILLAS

¡Somos islas! Islas verdes. Esmeraldas
en el pecho azul del mar.
Verdes islas. Archipiélagos de frondas
en el mar que nos arrulla con sus ondas
y nos lame en las raíces del palmar.

¡Somos viejas! O fragmentos de la Atlante
de Platón,
O las crestas de madrépora gigante,
O tal vez las hijas somos de un ciclón.
¡Viejas, viejas!, presenciamos la epopeya resonante
de Colón.

¡Somos muchas! Muchas, como las estrellas
Bajo el cielo de luceros tachonado,
en el mar azul tranquilo
otro cielo por nosotras constelado.
Nuestras aves, en las altas aviaciones de sus vuelos,
ven estrellas en los mares y en los cielos.

¡Somos ricas! Los dulces cañaverales,
grama de nuestros vergeles,
son panales
de áureas mieles.
Los cafetales frondosos,
amorosos,
pero en granos abundantes Y olorosos.
para el cansado viajero
brinda sombra y pan y agua el cocotero.
Y es incienso perfumante
del hogar
el aroma hipnotizante
del lozano tabacar.
Otros mares guardan perlas en la sangre del coral
de sus entrañas.
Otras tierras dan diamantes del carbón de sus montañas.
De otros climas son las lanas, los vinos y los cereales.
Berlín brinda con cerveza. París brinda con champán.
China borda los mantones orientales.
Y Sevilla los dobleces de la capa de Don Juan.
¿Y nosotras?... De tabacos y de mieles,
repletos nuestros bajeles
siempre van.
¡Mieles y humo! Legaciones perfumadas.

Por la miel y por el humo nos conocen en París
y en Estambul.
Con la miel rozamos labios de princesas encantadas.
Con el humo penetramos en el pecho del doncel de
Barba Azul.

¡Ricas, ricas! Los bajeles que partieron
con las mieles, los tabacos y el café de nuestra sierra,
los bajeles ya volvieron,
los bajeles nos trajeron
las especias y las gemas de los cinco continentes
de la tierra.

¡Somos hembras! Hembras duras
en el seno y las caderas:
en las cumbres monolíticas y en las gnéisicas laderas
de las aterciopeladas cordilleras.
Hembras puras
en las vírgenes entrañas
de oro de nuestras montañas.
Y hembras de ubres maternales
en las peñas donde irrumpen los fecundos manantiales
con que la negra nodriza de la sierra
se desborda sobre el humus sediento de la tierra.

¡somos Indias! Indias bravas, libres, rudas,
y desnudas,
Y trigueñas por el sol ecuatorial.
Indias del indio bohío
del pomarrosal sombrío
de las orillas del río de la selva tropical.
1os Agüeybanás y Hatueyes,
los caciques, nuestros reyes,
¡lo ciñeron más corona que las plumas de la garza auricolor.
Y la dulce nuestra reina Anacaona,
la poetisa de la voz de ruiseñor,
La del césped por alfombra soberana
y por palio el palio inmenso de los cielos de tisú,
no tuvo más señorío
que una hamaca bajo el ala de un bohío
y un bohío bajo el ala de un bambú.

¡So,os bellas! Bellas a la luz del día
Y más bellas a la noche por el ósculo lunar.
Hemos toda la poesía
de los cielos, de la tierra y de la mar:
en los cielos, los rosales florecidos de la aurora
que el azul dormido bordan de capullos carmesíes
en la cóncava turquesa del espacio que se enciende
y se colora
como en sangre de rubíes;
en los mares, la gran gema de esmeralda que se esfuma
como un viso del encaje de la espuma
bajo el velo vaporoso de la bruma;
y en los bosques, los crujientes pentagramas
bajo claves de orquídeas tropicales,
los crujientes pentagramas de las ramas
donde duermen como notas los zorzales...
Todas, todas las bellezas de los cielos, de la tierra
y de la mar,
nuestras aves la contemplan en las raudas perspectivas
de sus vuelos,
nuestros bardos las enhebran en el hilo de la luz
de su cantar.

¡Somos grandes! En la historia y en la raza.
En la tenue luz aquella que al templar sobre las olas
dijo "¡tierra!" en las naos españolas.
Y más grandes, porque aquí
se conocieron los dos mundos, y los Andes
aplaudieron la oración de Guanahaní.
Y aún más grandes, porque fueron
nuestros bosques los que oyeron,
conmovidos, en el mundo de Colón,
los primeros y los últimos rugidos
del ibérico León.
Y aún más grandes, porque somos: en las playas de Quisqueya,
la epopeya
de Pinzón, la leyenda áurea del pasado refulgente;
en los cármenes de Cuba,
la epopeya de la sangre, la leyenda del presente
de la estrella en campo rojo sobre franjas de zafir;
y en los valles de Borinquen,
la epopeya del trabajo omnipotente,
la leyenda sin color del porvenir.

¡Somos nobles! La nobleza de los viejos pergaminos
señoriales:
que venimos resonando por las curvas de los siglos
ancestrales,
en las clásicas leyendas orientales
y en los libros de los muertos idiomas inmortales.
Nuestro escudo engasta perlas del dolor de jeremías
y esmeraldas de las hondas profecías
de Isaías.
He aquí el címbalo de alas,
más acá de las etiópicas bahías,
que enviara en vasos de árboles al mar
su legado.
Aquí el mundo en otros tiempos humillado,
cuyas cúspides homéricas
fueron nidos de las águilas ibéricas
en sus sueños y en sus ansias de volar.
Nobles por lo clásicas: profetizadas de Isaías,
de jeremías,
de David, de Salomón,
de Aristóteles, de Séneca y Platón.
Nobles por lo legendarias: góticas, cartaginesas y fenicias,
por las naves que vinieron
de Fenicia y de Cartago y las que huyeron
en spaña de la islámica invasión.

¡Nobles, nobles! Que venimos resonantes,
por las curvas de los siglos fulgurantes,
hasta el más noble de todos,
hasta el siglo de la raza, de la historia,
del heroísmo, de la fe y la religión,
el más grande de los siglos,
el de América y España,
de Colón y de Pinzón.

¡Somos las Antillas! Hijas de la Antilla fabulosa.
Las Hespérides amadas por los dioses.
Las Hespérides soñadas por los héroes.
Las Hespérides cantadas por los bardos.
Las amadas y soñadas y cantadas
por los dioses y los héroes y los bardos
de la Roma precristiana y la Grecia mitológica.
Cuando vuelvan las hispánicas legiones
a volar sobre la tierra como águilas
cuando América sea América, que asombre
con sus urbes y repúblicas;
cuando Hispania sea Hispania, la primera
por la ciencia, por el arte y por la industria;
cuando medio mundo sea
de la fuerte raza iberoamericana,
las Hespérides seremos las Antillas,
¡cumbre centro de la lengua y de la raza!
 
 
 
 
 
DÉCIMAS

VIDA CRIOLLA

Ay, que lindo es mi bohío
y que alegre mi palmar
y que fresco el platanar
de la orillita del río.
Qué sabroso tener frío
y un buen cigarro encender.
Qué dicha no conocer
de letras ni astronomía.
Y que buena hembra la mía
cuando se deja querer.

MADRUGADA

Ya está el lucero del alba
encimita del palmar,
como horquilla del cristal
en el moño de una palma.
Hacia él vuela mi alma,
buscándote en el vacío.
Si también de tu bohío
lo estuvieras tú mirando,
ahora se estarían besando
tu pensamiento y el mío.

LA MATA DE PLÁTANO

Mata de plátano, a tí,
a tí te debo la mancha,
que ni el jabón ni la plancha
quitan de encima de mí.
Desque jíbaro nací,
al aire llevo el tesoro
de tu racimo de oro
y tu hoja verde y ancha,
llevaré siempre la mancha
¡per secula, seculorum!

Tamen

Sigue>>>>>ARGENTINA
Continúa........PERÚ
REGRESO CONTEMPORÁNEOS
RIBERA CHEVREMONT
AFICIONADOS HISPANOS
ENLACES
CUSCATLÁN ÍNDICE