Mío este cuadro, este sueño, esta verdad de pólen.
Cruzas sobre mi
abierta herida en la trunca esperanza en esta tarde de ostracismo.
He
visto al mundo desde el plano del mundo, desde un peldaño más abajo del mundo, desde
ninguna floración de trinos.
Le he visto con estos ojos turbios de pobreza, con
la raída ropa de mi sueño.
¿Cómo decirte? ¿Cómo absorver tu nombre marinero? Mejor
te digo, hermana, camarada. Hoy ya no temo. Hoy destrozo mi lámpara ilusoria y
me descubro. Vor a iniciarte en este nuevo encuentro de ver las cosas sin ningún
paisaje.
A veces pienso que es difícil buscar en esta noche y tropezar con
lo que no se ha visto y lo que está por descubrir sin tregua y lo que no te
han dicho las mañanas cuando miras el mar de tu ventana.
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A veces pienso
que pocos nos quedamos en la sombra para cantar con nuestros pobres dedos eso
que nadie mira y nadie toca.
Un día yo te dije: Amame, marinera; con
tu acuática fiesta de celajes. Amame con tu marca elástica de peces.
Amame
con tu puerto y tu escafandra, con tu cuerpo de esponja y con tu golfo, con
tu piel de cristal y tu silueta.
Ahora yo te digo que me ames como esa
pleamar de los que ansiamos bebernos las palabras del que muere imaginando
el pan que nunca tuvo.
Quiero que me ames, como yo a los pueblos cuando
abrazan con los gritos fundidos en su lucha. Amame, como amo la libertad, la
paz y la justicia, la vida digna y el pan de todos.
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