DAVID HERNÁNDEZ
1955-
 
        Poeta, novelista y periodista. El doctor Hernández reside en Alemania desde hace más de 20 años. Su obra ha sido traducida al ruso, ucraniano, francés, italiano y alemán.
        En 1971 fundó con otros poetas jóvenes el grupo y la revista literaria "Cebolla Púrpura" en San Salvador. Ha ganado varios certamenes de literatura entre ellos el Premio Nacional Magisterial de Cuento en El Salvador en 1976; finalista Premio Latinoamericano de Novela en 1990 con "Salvamuerte" en Costa Rica; Premio Nacional de Novela El Salvador Alfaguara 2004 con "Berlín años guanacos". Miembro de la Unión de Escritores de Alemania "Verband deutscher Schriftsteller" y del Colegio de Periodistas de Alemania IG Medien Fachgruppe Journalismus.
        Escribe para diferentes medios de Alemania, Centroamérica y Estados Unidos, entre otros para el periódico "La Opinión" de Los Angeles, "La Prensa Gráfica" y "El Faro", de El Salvador.
        David Hernández es profesor de literatura graduado de la Escuela Superior de Educación en El Salvador. Ingeniero agrónomo fitotecnista por la Academia de Ciencias Agrícolas de Kiev, Ucrania. Tiene una maestría en ciencias políticas por la Universidad de Hannover y una maestría en Filología germánica por la Universidad de Hannover. Tiene un PhD en Filología por las Universidades de Hannover y Berlín. Su tesis doctoral "El Salvador: modelo por armar", es la primera historia analítica de la literatura salvadoreña contempóranea a partir de la influencia de la cultura pipil y de la masacre de indígenas en 1932 en Izalco.
            En sus trabajos se halla "En la prehistoria de aquella declaración de amor" (Editorial Taller de los vagos. San Salvador, 1977. Poesía y prosa); "Salvamuerte" (UCA Editores, San Salvador, 1991) “Salvamuerte, Affairen der Liebe und eines kleinen Krieges" (Worms-London, The World  of Books Ltd., 1992); "Putolión" (UCA Editores, San Salvador, 1995; novela); "Putolión" (Editorial edC / Ediciones del Curueño/ León, España, 1999); "Alexander von Humboldt, die andere Suche nach El Dorado und weitere Essays Über die zeitgenössische lateinamerikanische Literatur" (London-Worms, 1996, ensayos en alemán, con el título en español: "Alexander von Humboldt, la otra búsqueda de El Dorado y otros ensayos sobre la literatura latinoamericana contempóranea“ ); "Indigene Kulture und nationales Trauma“ (Berlin, 2000, tesis doctoral, con el título en español: "El Salvador, modelo por armar"). "Putolión, die letzte Reise des Schamanen“. Novela traducida al alemán. Bad Honnef: Horlemann Verlag, 2003. Traducción de Gerda Schatenberg-Rincón financiada por la Oficina del Servicio Exterior de Berlín y la fundación suiza Pro-Helvetia; "Berlín años guanacos“. Premio Nacional de Novela El Salvador 2004. Guatemala: Alfaguara, 2004.
        Los poemas aquí incluidos son una muestra antológica de su producción que ha sido traducido al alemán y publicado en la revista literaria "Die Brücke" ("El Puente") de Bonn, Alemania entre 2000-03.

ANTIELEGÍAS

LA FINCA

Mi patria es una finca,
donde poseo caballos veloces,
periodistas que me escriben largas apologías,
a cambio
les doy una oficina en cualquier ministerio.
Poseo las más hermosas prostitutas de la región,
cuarteles a mi favor,
tanques,
cámaras de tortura,
capataces.
Mis administradores me quieren y me aplauden: eso basta.
No tengo de qué preocuparme.
Lo único que hago, pues soy un coronel inteligente,
es atender los consejos de los industriales y del señor embajador.
Algunos descontentos dicen que ellos explotan mucho esta finca.
Pero es mentira.
Ellos me dan espléndidas cenas
y me atribuyen toda clase de aptitudes y cualidades.
Eso me hace feliz porque además
tengo el tesoro de la nación al alcance de mi mano.
De vez en cuando expulso de mi finca
a unos insolentes que me insultan en las plazas públicas.
Aparte de ello soy un ser dichoso
y querido por el pueblo.
Salvo por dos o tres o diez bandoleros sin importancia
que imprimen hojas clandestinas en contra mía.
Pero toda esta gran finca
que llega hasta donde alcanza mi maltrecha vista
y que es el lugar donde me han nombrado El Presidente,
es feliz como gaviota en el mar
y lo compruebo todas las mañanas,
cada vez que bajo del árbol donde vivo.

                            San Salvador, 1975.

NOVELA DE UN POETA EX-MALDITO
A Roberto Armijo y Ana María,
testigos de una resurrección
 
En el principio fue el verbo,
lacerante y fogoso que hizo leyenda
en lejanas noches de farra y bohemia;
luego un sueño letárgico
hasta despertar al otro lado del mundo:
recorrí el Don de los cosacos,
me embebí con violines gitanos de rusas músicas,
oí las campanas de San Patricio y el din-dón de un Kremlin
fastuoso e imperial
lo celebré con champagne, nieve y mujeres rubias
un treintayuno de diciembre esperando
el año de la rata;
entoné solitarias plegarias de amor a mi patria
bajo el cielo nocturno de Asia Central
y años más tarde,
en el reverso de un sueño,
vagué sin rumbo por la noche de Wall Street
sin tomar nota del Dodecálogo-Rockefeller en Manhattan.
Amé
siempre que pudé
a todas las mujeres de este mundo;
ví al Papa polaco dos veces en Roma
y no me convenció su mirada santulona;
soporté varias muertes gracias al amor de mis prójimos.
Y luego de una estancia en el averno
- sin ser el genial creador que un día me soñé-
a solas con mi novela y mi derrota
comprendí
que haber burlado las tempestades del alcohol
ha sido mi obra maestra.

SAN SALVADOR

Aquí amamos los días claros o los tiempos de acoso
ciudad de amores y fechorías
donde creció el canto y la leyenda
de muertos y fantasmas vivos
mientras el espejo se vaciaba de la colérica muchedumbre
hasta quedar humeante y quebrado sin rostros ni almas;
ciudad que vió caer lluvias de estrellas y ángeles
en noches de miedo y esperanza
cuando en la radio aullaba un tiranuelo.
Así te quiero urbe de lo grotesco,
de punta a punta,
repleta de ladrones envenenados por el hambre,
de niños jugando a la guerra de verdad en el escampe,
con luces multicolores en tus calles
donde las golondrinas y el suicidio danzan su musiquilla
y la pobreza deambula los rostros amarillentos
de tus habitantes deshabitados.
       Drogada por el narcótico de bombas de gas
y répiques de metralla en tus avenidas
recorriste tus años adolescentes;
azotada por vientos de octubre,
por tu Parque Libertad rebalsando de fracasados,
por cadáveres anónimos de tus poetas y sus canciones de amor
sobreviviste una guerra del gorila.
       Mezclaste tu historia, tus coroneles y tus comandantes
con aguas negras llenas de abortos, menstruación, estiércol,
cuerpos torturados, deshechos, órganos mutilados,
poetas injustamente ajusticiados:
así has arrastrado tus años en estado de sitio,
recibido puestas de sol y silbidos de pájaros.
 
Valle de las Hamacas
los terremotos te mecen como niña mimada,
canción de cuna tétrico parece este tiempo turbulento,
ciudad del mejor café del mundo,
azotada por políticos corruptos y por toda
la inmundicia consumista,
por jóvenes amantes que te inundan mientras alguien cae,
por el amor al prójimo que hemos practicado:
donde la vida fue un asalto permanente,
el terror, una institución sagrada.
Ciudad del alba y las más negras historias,
hija de pipiles guerreros e íberos asesinos,
territorio de aves emigrantes,
dueña de ese vuelo de pájaros que regresa en cada invierno.
 
Donde nacieron nuestros sueños,
donde ululan delirantes vientos de octubre y la violencia:
aquí
junto al volcán, el lago y tus maizales
deseo descansar al final de mi jornada
y dialogar con mis amigos muertos
bajo el fuego eterno del amor.

EL VIAJE
 
Como cartas marcadas caen los viajes:
Ayer los que mis pasos condujeron
Quizás a la gloria, pero que fueron
También hiel quemante en rojos paisajes
 
No todo azul como en la travesía
Del Bardo Pipil Raúl. Mas tampoco
Todo inútil triste invierno. Trastoco
El sur de mi naufragio con poesía.
 
Una luz al fin: en París el Poeta;
Un sueño: el aroma del loroco.
Tormentas, paraísos, viento fuerte,
Carabelas son de un afán loco,
Mis pasos acompañan cual cometa:
Para esta ruta, pequeña es la muerte.
 
                     Mykonos, Grecia, 1992
EL AMANTE
 
Años más tarde
sobrio
fuera del tiempo y el espacio
que lo embrujaron cual niño
no tarareó su canción desesperada
por el amor y la derrota.
Aquellos besos serían para otro
y aquellas piernas
aterciopeladas por otros dedos.
El amanecer de la razón y el sol
lo encontraron de pie
en el anochecer de un verano europeo,
esperando el tren,
quizá,
de la historia:
¿Tendría un sabor menos amargo ahora
su cita con un dulce nombre de mujer?

CANCIÓN DEL APÁTRIDA

En la lejanía
desterrado del amanecer de Cuzcatlán
de las madrugadas campesinas de nixtamalero y café fuerte,
perdido en una perdida ciudad de europa central,
cuando escuches esa canción de hace años,
recordarás
las madrugadas de tu prehistoria,
los amigos con quienes bebías licor quemante,
las noches de farra y amores,
la muerte que por turno les llegó a cada uno de ellos.
Y desearás los frijolitos fritos
o el café de palo de aquellas mañanitas,
sorber un trago de "Chepetoño" o de " Tres Puentes"
en pleno corazón del Valle de las Hamacas,
boquitas de jocotes o mangos tiernos,
pupusas de chicharrón y de queso con loroco.
La goma habrían de quitársela en El Amanecer,
o en la Plaza Zurita y el Barrio de Candelaria
con un guacal de shuco y pan francés.
Y
en la soledad de tu cuarto
saborearás esos recuerdos con tu comidita alemana,
te sentirás feliz después de todo
por haber burlado un día más al hambre,
pero pensarás que ha sido muy absurdo esta vez
naufragar tan lejos de tu casa
y tus volcanes.

BORRACHERA
EN LA ÚLTIMA JUVENTUD
 
Fue interminable
hasta mermar
bajo la luz mortecina de una ciudad meridional europea
cuando creí propicio el fin de partida.
Nadaba en la frustración y
en heces de cíclopeos engaños
confundí mi periplo.
Pero la vida,
le pusó otro sextante a mi ocaso:
cambié de rumbo, de piel y de región
como quien agoniza
y va dando traspiés por el horizonte,
descubriendo los otros muros de su muerte,
hasta desmemoriarse por completo de su sombra.
 
¿Todo para morir y ganar el olvido y el silencio? 
 
En la cordura momentánea
de la borrachera sin final
acepté mi derrota.
Absurdo fue comprobar
cómo después la vida tocó
a mis puertas con sarcasmo.
Una de dos: o ponían
una lápida sobre mi tumba,
o comenzaba un nuevo round.
FAREWELL
 
                 Miradme, no me queda nada
                 Salvo la fama de bandido y
                 Mi piel cantadora alma mía alma mía
                                        M. Argueta
 
Aquí
Nos tocó decirnos adiós
Cuando
La ciudad se nos convierte de repente en una pesadilla.
Te digo,
Los días llenos de amarillas hojarascas
Me traerán el recuerdo de tus ojazos negros
Languideciendo entre mis besos.
Esa canción escuchada a mansalva
Mientras voy por la calle
Hará que refugie mi delirio de culpa
en un vaso de cerveza:
Vos me estarás viendo
A través de los silbidos del disco
Pero vos también estarás triste.
              Y cuando otra vez llegué el invierno
Con sus lobos hambrientos
Con todos sus vendavales
La tarde cuando te besé y te tuvé
Entrará de nuevo en mis venas
Y un leve sopor
Un escozor
Caerá como lágrima sobre el cemento de la ciudad abandonada
Que también
Como un juguete del destino
Desaparecerá con nosotros en las nubes del olvido.
 
EXILIO
 
Caen las hojas muertas de otro otoño
y en casa florecen los limoneros:
siglos ha que no percibo los vientos de octubre
y las lluvias de mayo de mi tierra de lagos
volcanes y ciudades como flores de izote
a la vera de la mar del sur.
Todo es un recuerdo nublado por la nieve,
la primavera,
el sol débil del extranjero.
La distancia me hizo ciudadano de la nostalgia
viajero de la aldea global,
nómada intercontinental,
cada meta es un jubiloso inicio.
Aunque
la soledad de las hojas muertas del otoño extranjero
traen de golpe el recuerdo de la casa ancestral:
¿En el viejo huerto de mamá
estará de nuevo el limonero retoñando?

HANNOVER

Aquí deseé descansar como un prófano
después de las blasfemias
olvidarme de obligaciones y deberes
escapar a las reglas del juego por la puerta falsa de la realidad
 
           Y me perdí por los callejones y pasajes
de la ciudad meridional
como en una pompa de jabón
recorrí su mercado de pulgas
en busca de algún par de zapatos viejos
con que iniciar la nueva ruta
o simplemente buscando un libro sobre herrenhausen
y sus sombras barrocas
 
El centro de la ciudad o el hauptbahnhof
Me ofrecían un ramo de ilusiones
- pensé-
al comprender que la vida,
como esos trenes puntuales que de ahí parten,
hacia algún punto de la alegría habría de conducir.
No importaba que para mis ojos de extranjero
aquél frío del exilio y el olvido
se confundieran con el "guten morgen" de algún extraño
 
lister maile lister platz ihmezentrum
lugares comunes de urbe sajona
nada me decían mientras caían como lluvia
sobre mi personal baile de máscaras
al otro lado del espejo.
Aquí no hay mambos ni rumbas,
sólo reflexiones en el verdor de los parques
que se confunden con el aromático tabaco de la pipa
que naufragó conmigo.
Aquí no hay volcanes ni sol
sólo la razón y el buen juicio
de estos honorables nietos de Nietzsche y de Lutero.
 
En esta azarosa escala lejos de mis utopías y fracasos
No me quedó otra alternativa que seguir viviendo
Sencillamente
Sin marcha triunfal ni ceremonia fúnebre.
Una resurrección en el lado oculto de un mundo escondido.
 
La primavera hannoverana y su lluvia
Caen como una pequeña novela del adiós
Y vuelven más intensa
Esta amarga sonrisa en la distancia.
Los tonos bajosajones de un fino rumor eterno me recordarán
-en esta orilla de la vida y del sueño–
el ocultismo de la nostalgia y la pasión.
Desearé entonces entonar una olvidada canción,
tan larga como la hildesheimerstrasse
porque este hannover provinciano y querido como viejo amigo
me tiende sus fraternos brazos
para cantar un ratito más en este siglo
después de la tormenta
y el naufragio.
 
DAVID HERNÁNDEZ
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