David Hernández

        David Hernández es un ex-alumno del Instituto Nacional "General Francisco Menéndez", Promoción "Che Guevara" 1971, y durante la efervescencia estudiantil de 1971, en la que el estudiante de secundaria participa por primera vez en protestas estudiantiles a raíz de la huelga magisterial, estudiantes del Quinto Curso del Instituto Nacional emprenden el liderazgo y David fue uno de los líderes de esas gestas.

NAUFRAGIO
 
El amanecer no era motivo de alegría
ni la felicidad de sombras y siluetas
celebrando una fiesta popular en las esquinas
acompañadas de ebrias balalaikas
y acordeones.
La niev
la presunta próxima primavera
y el ruso sol opaco derritiéndose en la mañana
no borraron de la memoria
los ranchos campesinos que se hicieron invisibles
desde un lejano avión fantasma
la última vez que estuvé en mi país.
Amanecí
en una extraña nube al otro lado de la esperanza,
lejos de mi tribu,
con la egoísta satisfacción del que ha escapado
a una tormenta.
Pobre  de mí,
este naufragio en vida,
no tocó ni tocará jamás puerto seguro.

 

 

 

INSOMNIO
Un niño ciego
a tientas
abriendo
las puertas del pánico.
 
 
EL CAMINANTE
Cuando
las rutas se acaban
y las esperanzas se pierden
brilla una luz en el túnel
invisible para casí todos
que te llama
te empuja
te resucita por laberintos inéditos.
 

 

LA MUERTE
 
Muchas veces estuvó de visita.
La sentí respirar con
su cautivante aroma de muchacha silvestre
en las montañas y los antros de mi aldea.
Puntual se acostó conmigo
en noches de farra y deliriums tremens
que hasta olvidó
las innumerables citas que me pusó
y que una a una,
se olvido de cumplir.
La última vez que nos vimos cara a cara
me insultó y salió despavorida
como quien ha visto al diablo
oyendo mis versos a una luna caída
cuando en los anocheceres
de alcohol y luces de Kiev
me carcajeaba a mandíbula batiente de su porte tragicómico.
Después,
ufana,
me acompañó
por Berlín Estambúl Los Angeles
bailó conmigo en los carnavales de Colonia y
bebimos profana cerveza rubia mezclada con güiski
en el Teherán de los ayatollahs.
Anoche soñé con ella
nos volvimos a insultar
como en las distantes madrugadas de estado de sitio
en mi país fantasma.
Años ha que conocí el perfume de sus pasos
cuyo rastro desde entonces buscó:
espero que la próxima vez toque con seguridad a mi puerta,
que no se equivoque de hora y lugar,
que sobreviva los tormentos y naufragios que conducen a mi mesa,
que venga ya,
mi dulce, bienamada y merecida muerte.

LA LOCURA
Nunca había tocado
con manos asesinas
el ojo mágico de dios y su caja de pandora
hasta que en el delirio
de un naufragio
ebrio
perdido
sin esperanzas
al borde del abismo
me sumergí
en la pesadilla.
 
 
EL AYER
Como una cadena de sucesos
donde mi destino de nómada
se filtra sarcástico
tintineante entre el amor y la locura
sobresale el pasado y sus alucinaciones.
Un veneno dulce
que alguna añeja canción expulsa
de su melodía
me recuerda las primeras canas
que empiezan a poblarme.

 

 

 

UNA CALLE
 
Sobre esta misma calle
aquella
tarde brumosa de hace años,
ninguno de los dos había llorado.
El tiempo convertíase en niño rabioso que destrozaba sus juguetes:   
eras una muñeca con la nariz helada por el atardecer gris
con una falda azul donde te llevabas el sol moribundo que faltaba.
¿Recuerdas?
En ese edificio público ondeaba la bandera de aquél general
y cerca los autos corrían con las luces encendidas.
Ese año habíamos hecho de todo el amor una pirámide
y como víctimas nos destrozábamos el corazón.
Ese mismo año,
cuando aquél viento del atardecer nos daba en la cara:
¿Eramos dos o uno sólamente?
Yo:
otro muñeco que el tiempo hizó añicos e inundó de tristeza.
Hoy estoy a recordar sobre esta misma calle.
Todo es silencioso: dos o tres transeúntes indiferentes,
el polvo arrecia con la caída de unas hojas secas
como en un cine mudo.
Sobre el edificio público ondea la misma bandera,
hoy sucia y desteñida.
El invierno se lamenta como pájaro herido,
y somos,
separados,
juguetes inservibles para el tiempo.
Pero eso ya no importa,
sino esta calle,
donde también otros hombres y otras mujeres se han dicho adiós.

AMOR COSACO
 
No quedó nada material
de aquél amor.
Sólo deseos
años después
- para el regreso desde la muerte a esta tierra de nadie-
de escuchar a larga distancia
esa misma voz
que confirma mi defunción
inunda de soledad la amarga sonrisa
que nunca más será la misma.
LA VIDA
 
Un soplo mínimo y eterno
tan largo
como el instante mágico
de una tarde en el campo
cuando mi abuelo
mascando caña dulce recién cortada
me narró su larga historia
mientras un caballo relinchaba
en el patio.

BORRACHERA EN MI ÚLTIMA JUVENTUD

Fue interminable
hasta mermar
bajo la luz mortecina de una ciudad meridional europea
cuando creí propicio el fin de partida.
Nadaba en la frustración y
en heces de cíclopeos engaños
confundí mi periplo.
Pero la vida,
le pusó otro sextante a mi ocaso:
cambié de rumbo, de piel y de región
como quien agoniza
y va dando traspiés por el horizonte,
descubriendo los otros muros de su muerte,
hasta desmemoriarse por completo de su sombra.
 
¿Todo para morir y ganar el olvido y el silencio?
 
En la cordura momentanea
de la borrachera sin final
acepté mi derrota.
Absurdo fue comprobar
cómo después la vida tocó a mis puertas con sarcasmo.
Una de dos: o ponían una lápida sobre mi tumba,
o comenzaba un nuevo round.

Tamen

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