Anduvimos errantes años, años, años anduvimos errantes la ventisca el granito
los violentos vendavales las grandes bestias devoradoras nada pudo detener
nuestros pasos cruzamos ríos montes abismos de terror cumbres a las que
nadie se atreviera antes pavorosos desiertos nada pudo detener nuestros pasos en
tierra arena rocas dejámos hondas huellas junto al mar caminamos sobre las altas
sierras de día caminamos de noche sin detenernos
caminamos naciendo
y caminando soñando y caminando pariendo y caminando caminamos cantando y
caminando
nada pudo detener nuestros pasos con nuestra casa a cuestas enterrando
fechas estableciendo muertos caminando con el sol en los ojos con el
sol a la espalda sudorosos hambrientos caminando negros de sueños heridos
por la sed sin luna tropezando duros de frío caminando de grito en grito
estableciendo el rumbo caminando sobre navajas bárbaras caminando prietos
de arcilla caminando dolor afuera caminando directos al destino caminando creciendo
en esperanzas caminando
años años años caminando caminando caminando
años años años esperamos la señal del dador de la vida vivimos en una
isla en el centro de un lago pero no era el sitio nadie vió la señal solamente
descansemos aquí solamente estaremos el tiempo necesario estuvimos cien años noche
a noche miles de noches escrutamos el cielo el gran guía contaba el paso de
las luminarias el meracdo de alacrán el venado el guerrero cinco mil veces la
luna se hizo nada y volvió de perfil y luego mostró toda la cara con su gran
risa negra dos veces apagamos los fuegos y subimos al monte a esperar el designio dos
veces el sumo tlamacaquí cantó las albanzas del señor de la cerca y de lo
junto cuyo nombre no se pronuncia dos veces las guardadoras de la simiente se
inclinaron esperando al que no debe verse dos veces el fuego regresó a las hogueras dos
veces anudamos los años y comenzó otra cuenta entonces empezaron a llegar los mensajes un
pájaro de fuego vino de la casa del viento y se perdió en el reino del murciélago se
alzó el agua del lago y se llevó a los peces cambió de sitio el cerro se apagó
la luna cuando no era tiempo el gran guía alzó entonces la vara y otra vez seguimos
años
años años caminando caminando caminando
Los cuatro sacerdotes uno
por cada estirpe se convirtieron en conejos y tornaron a la cueva del orígen ya
se había perdido la senda del regreso pero ellos los conejos corrieron preguntando
a los otros animales del monte y pudieron llegar hasta la casa donde quedó la
piedra que no quiso moverse los teopixquez recobraron su forma y hablaron
al dios preguntaron al dios debemos seguir no habremos ignorado la señal
y extraviado la ruta no se ha llevado el viento la palabra esperada acaso se
perdió en el agua el gesto inconfundible se quedó la plegaria en la ceniza y
no subió el canto en el azul del humo se conmovió entonces la montaña y el dador
de la vida entregó la respuesta
caminad caminad caminad
volvieron
los teopixques recogimos las pobres pertenencias las mujeres repartieron
el maíz y los chiles llenamos los tecomates en el último río y otra vez seguimos
años
años años caminando caminando caminandocasi nada teníamos nuestros vestidos eran yerbas hojas de palma,
tule sólo el gran sacerdote se cubría con pieles de venado ostentaba un penacho
de plumas de águila llevaba sobre el pecho un pectoral de jade y en la mano
el gran báculo de conacaste blanco con el espeso fuego del tapir hacíamos
sandalias correas para llevar la carga amarres para el icpali de los
niños sobre la dura tierra dormíamos sobre piedras a veces en el frío bajo
la lluvia hundidos en terror en la tremenda noche del coyote antes de la
luz suenan los caracoles levantamos el campo y otra vez seguimos
años
años años caminando caminando camninando
llegamos a un pueblo de grandes
casas hechas de barro y varas las mujeres hilaban hilos multicolores tejían
iridiscentes filigranas de pluma ricas mantas que jamás vimos antes criaban
pájaros blancos y perros que no ladran los hombres dibujaban encajes en las
piedras un gran templo se alzaba sobre el cerro y un dios era serpiente y
el otro dios un monstruo fabuloso todo lleno de ojos manos cortadas corazones fuimos
sus servidores trabajamos para ellos aprendimos todo lo que sabían hicimos
grandas cántaras rojos vasos ceremoniales adornados de negro armoniosas flautas y
largas pipas para la fiesta del tabaco les enseñamos en cambio nuestra lengua nuestros
cantos y danzas a labrar delgadas flechas de obsidiana lanzas de pedernal dardos
voladores y redondos escudos de madera pocos años estuvimos allí hicimos la
atadura encendimos un fuego y otra vez seguimosaños años años caminando
caminando caminando
también anduvimos entre pueblos hostiles luchamos nos
abrimos paso a golpes de macana a mordiscos a piedra y puños a uña
batallamos
contra grandes ejercitos arenas hormigas nos cortaron el paso siniestras aguas
quisieron detenernos vencimos
|
-
          
|
pero siempre vencimos el señor del espejo reluciente
fue nuestro amparo la celeste paridora de dioses multiplicó nuestras fuerzas no
comimos en días no dormimos luchar fue nuestro descanso y otra vez seguimos
años
años años caminando caminando caminando
oh señor de los dardos habitante
de la oscura mansión del mediodía dueño de los espejos tú que caminas de noche entre
hielo y amenzante lava tú que guías los pasos de los muertos hasta la casa
de la transformación danos el alimento de que somos merecederos tú el vestido
de plumas bebedor de los vientos el de la alta tiara de papel pintado el
que se cubre con una piel amarilla decorada con cien lunas de sombra muéstranos
el camino guardador de la celeste puerta depositario de los cofres de jade dinos
la palabra que esperamos recuérdanos el olvidado signo entréganos el agua del
reposo una negra pirámide no buscábamos oro hade precioso graneros ajenos sólo
un poco de tierra sólo un pedazo del monte para alimentarnos sólo unas cuantas
piedras sólo un pequeño río
años años años esperamos la señal del dador de
la vida
pero el tiempo no era llegado perdido el recuerdo de la prístina cueva no
nos reconocíamos éramos sólo máscaras rostros ajenos máscaras gente sin apellido sin
espejo donde reconocernos
nacimos vivimos morimos caminando
perseguidos cambatidos olvidados odiados sin
infancia sin risa dueños del aire apenas soñándonos raíz pero cuánta riqueza
trajimos en las manos acostumbradas a no temblar en el pecho habitada por
tanto y tanto sueño en los ojos que supieron mirar lo que aún no sucede cuánta
promesa en los vientres cargados de futuro cuánta leche de asombro en los
pequeños senos erguidos detrás de los huipiles fue preciso anudar horizontes ensartar
ristras de años olvidar viejas vidas ir pronunciando nombres de bestias ancestrales intentar
nuevos números para sumar edades huesos acumulados pasos hijos que no crecieron caímos nos
alzamos no preguntamos nada y otra vez seguimos
años años años caminando
caminando caminando
cuatro veces trece años nos guió el viejo más viejo cuando
los pies se le volvieron piedras alzó el sagrado báculo y entregó la señal más allá
del más alto monte junto al espejo de agua os hablará el volcán escucharéis sus
voces cuando la luna osténte círculos de lluvia allí será el sitio verde y negro
país de agua quemante tierra de joyas en ella levantaréis vuestros rostros aprenderéis
el salto y el asalto el colmillo y la garra seréis dureza elástica grito sin
eco rugido que no retrocede
seréis los Nietos del Jaguar
encarnaréis en la bestia manchada en su rsotro hallaréis vuestro espejo también
vosotros seréis grandes con caudal de rodeles pueblos os serán sometidos la
gente se postrará ante vosotros seguirá vuestros pasos éstas son las cargas que
os dan vuestra riqueza vuestra majestad lo sembramos entre cactos salvajes y
otra vez seguimos
años años años caminando caminando caminando
se
cumplieron todas las profecías encontramos el sitio nos habló el volcán levantamos
una alta pirámide cantamos y danzamos alabando a los dioses los cuatro formadores
señalaron las esquinas del mundo tuvimos oro, piedras, telas preciosas, plumas
señoreamos la tierra dos mil años señoreamos la tierra doblegamos pueblos conquistamos
países ciudades, dioses grandes cacaguatales deleitosas mujeres
el
nocturno Jaguar presidió nuestra fiesta
pero debió cumplirse la otra profecía ho0mbres
de largos ojos llegaron por el mar del oriente vendrán de donde reina el murciélago hablando
lengua extraña vestidos de metal cabalgando sobre monstruos horrendos vomitando
lumbre precedidos por un trueno terrible ocho veces leyeron los augures los
fatales presagios en el oscuro espejo del señor de los dardos ocho veces dijeron
el destino de la raza escogida después un viento de locura dispersó a los danzantes huracanes
coléricos derribaron la casa de la sabiduría entre luces de lanzas y tronar de
arcabuces muertos los sacerdotes violdas las vírgenes vestales desgarrado
el tonalamatl de los vaticinios extinguida la hoguera que ardía sobre el
ara un imcomprensible signo de madera se alzó sobre el teocali del dos
veces divino el centro de todas la esferas rodaron las estatuas de los dioses por
los flancos de las altas pirámides
y la muerte perdió su profundo sentido
de glorificación
bajo el polvo iracundo las piedras volvieron a quedarse
solas otra vez en la vasta desolada bárbara soledad lejos de la reverencia y
de la sangre destrozados los símbolos rota la majestad del homenaje escarnecido
el significado derruido el imperio del designio otra vez sólo piedras oscuro
basalto o transparente obsidiana ocultas a la luz verdadera fuera de las profundas
realidades de los dioses regresados los tigres a la garra asesina y las sagradas
serpientes reducidas de nuevo a su rastrera condición de reptiles vuelto vulgar
metal el oro luciente de las joyas cerradas las puertas de la turqueza roto
el cofre de jade agobiado el hombre perdida para siempre su antigua grandeza
pero
los Nietos del Jaguar aún estamos aquí
|