- Todo el
verano la Cigarra canta
- y durante
el invierno
- le pide a
doña Hormiga
- su vecina,
le dé algún alimento.
- La
previsora Hormiga se lo niega
- diciendo
más o menos:
- - Si
hubieses trabajado en el verano
- tendrías un
granero.
- ¿Cantaste
en el verano? Ahora baila,
- aunque pese
a tu cuerpo,
- porque el
que no trabaja cuando debe
- ha de vivir
hambriento.
- Esto cuenta
Iriarte y La Fontaine,
- fabulistas
de peso,
- tan sólo
por dañar a la Cigarra
- que es
digna de respeto.
- Y por
desprestigiar a la citada
- sus
apólogos fueron,
- a mi
juicio, contrarios a la Hormiga
- que vive en
el descréditoPorque
siendo la Hormiga laboriosa,
- tendría mas
aprecio
- si hubiese
sido generosa y buena
- con la
amiga del cuento.
- Y sobre el
mismo tema de que trato,
- veraz y justiciero,
- voy a
narrarles la siguiente fábula
- que le
aprendí a mi abuelo.
- Era
precisamente el mes de agosto,
- caluroso y
molesto,
- a la hora
en que el sol evaporaba
- la humedad
del terreno;
- a la hora
en que innúmeros reptiles,
- sitibundos
insectos,
- buscaban sobre
mustias florecillas
- algún
líquido fresco,
- cuando
llegó la Hormiga jadeante
- al tronco
de un pepeto,
- en cuyas
ramas vive la Cigarra
- después del
crudo invierno.
- - Buenos
tardes, señora doña Hormiga,
- verla buena
celebro,
- (le dijo
atentamente la Cigarra
- acercando
un asiento).
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- - Veci,
amiga (la Hormiga responde),
- apurada me
encuentro
- llegaron a
la casa mencionada
- buscando
salvamento.
- La Cigarra
contaba como siempre
- y les salió
al encuentro.
- Dice: -Sean
ustedes bienvenidas,
- lléguense a
mi aposento,
- y mitiguen
la sed en mi bodega
- mientras yo
aquí me quedo
- cantando las
canciones del verano
- a la luz de
los cielos.
- Las
hormigas entraron presurosas
- hasta el
abrevadero
- y apagaron
la sed que les causaba
- indecible
tormento.
- Como vio la
Cigarra que tardaban
- entró a sus
aposentos
- y al entrar,
las Hormigas la aprisionan;
- después se
la comieron.
- Para tener
por siempre asegurado
- aquel
abrevadero,
- mataron a
la dueña generosa
- esos viles
insectos.
- Que con tal
de saciar sus apetitos
- olvidan los
perversos
- que al protector
se le respeta siempre
- con agradecimiento.
- y he venido
a rogarle que me ayude
- a salir del
aprieto.
- Usted con
su barrena agujerea
- los árboles
del huerto
- formando de
este modo deliciosos
- y amplios
abrevaderos.
- La tierra
está reseca, el sol nos quema,
- nos
hallamos sedientos;
- la pagaré a
buen precio.
- - No cobro
ni un pulgón,
- (le
contestó la Cigarra del cuento)
- vengan
todas ustedes a mi casa
- que
hallarán refrigerio.
- Y momentos después,
la turbamulta
- de Hormigas
y sedientos
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